Agustinos Recoletos

Los Agustinos Recoletos son una orden religiosa formada por cerca de 1.000 religiosos que, viviendo la vida fraterna en comunidad, quieren seguir a Cristo, casto, pobre y obediente; buscan la verdad y están al servicio de la Iglesia; se esfuerzan por crecer en la caridad según el carisma de san Agustín y la intensidad propia de la Recolección, movimiento de interioridad y radicalidad evangélica.

Origen

Ante todo, queridos hermanos, amemos a Dios; después, también al prójimo, porque éstos son los mandatos principales que se nos han dado (cf. Mt 22, 36-40). Regla de nuestro Padre San Agustín

En el siglo XVI, algunos religiosos Agustinos de la provincia de Castilla, impulsados por un especial carisma colectivo, deseaban vivir con renovado fervor y nuevas normas la forma de vida consagrada que san Agustín fundó en la Iglesia, ilustró con su doctrina y ejemplo y ordenó en su santa Regla. Algo similar ocurrió, a comienzos del siglo XVII, en la provincia Agustiniana de Colombia.

Los Agustinos Recoletos son herederos de la forma de vida suscitada por San Agustín (354-430) y asumida en el siglo XIII con espíritu mendicante por la Orden de San Agustín (Gran Unión de 1256). Después de más de tres siglos de historia, en 1912, fueron reconocidos por la Iglesia como orden religiosa autónoma.

Su proyecto de vida es el propio de una orden religiosa, suscitada bajo el impulso del Espíritu Santo y aprobada por la Iglesia: viviendo en comunión de hermanos, desean seguir a Cristo, casto, pobre y obediente; buscan la verdad y están al servicio de la Iglesia; se esfuerzan por conseguir la perfección de la caridad según el carisma de san Agustín y el espíritu de la recolección.

Carisma

La Forma de vivir, redactada por Fray Luis de León, fue aprobada por el definitorio provincial en septiembre de 1589 y, ocho años más tarde, obtuvo la confirmación pontificia. Sus catorce capítulos traducen y concretan el deseo de mayor perfección en una intensificación de la vida contemplativa y comunitaria, y en una acentuación de los rasgos ascéticos de la vida religiosa. Comenzaron a practicarse en el convento de Talavera en octubre de 1589.

El carisma es una experiencia del Espíritu Santo que implica un modo específico de ser, una específica misión y espiritualidad, estilo de vida fraterna y estructura al servicio de la misión eclesial. El carisma Agustiniano se resume en el amor a Dios sin condición, que une las almas y los corazones en convivencia comunitaria de hermanos, y que se difunde hacia todos los hombres para unirlos en Cristo dentro de su Iglesia. La vivencia del propio carisma les transmite la vitalidad que procede del Espíritu Santo, los renueva constantemente y los impulsa a la formación permanente para estar disponibles en el servicio de la Iglesia.

La Provincia

Provinicia de Nuestra Señora de la Candelaria

El ori­gen de los Agus­ti­nos Re­co­le­tos en Co­lom­bia se re­mon­ta a fi­na­les del siglo XVI cuan­do el sa­cer­do­te Agus­tino Mateo Del­ga­do entró en con­tac­to con unos er­mi­ta­ños que ha­bían cons­trui­do una er­mi­ta a la Vir­gen de la Can­de­la­ria a ori­llas del río Ga­cha­ne­ca, donde ac­tual­men­te se encuentra el Con­ven­to de El De­sier­to de la Can­de­la­ria, en Rá­qui­ra, Bo­ya­cá; a estos er­mi­ta­ños les acon­se­jó que bus­ca­ran apoyo en los su­pe­rio­res de su Orden para trans­for­mar la er­mi­ta en un con­ven­to re­gu­lar e im­plan­tar el es­ti­lo pro­pio de las re­co­lec­cio­nes.

Los er­mi­ta­ños aco­gie­ron el con­se­jo y en mayo de 1604 ofre­cie­ron la er­mi­ta a la pro­vin­cia agus­ti­nia­na de Co­lom­bia con la con­di­ción de que co­lo­ca­ran en ella re­li­gio­sos re­co­le­tos; el 29 de junio de ese año el con­se­jo pro­vin­cial acep­tó la do­na­ción y en­co­men­dó al Pro­vin­cial, padre Vi­cen­te Ma­llol, la re­dac­ción de los es­ta­tu­tos que de­be­rían vivir los re­li­gio­sos.

El padre Vicente Mallol ejecutó el mandato del consejo con prontitud: el 12 de agosto de 1604 un delegado tomaba posesión de la ermita e imponía el hábito a los primeros recoletos colombianos: Mateo Delgado, Antonio Correa y Juan Rodríguez. En 1629 se unieron a los recoletos españoles y fortalecieron una experiencia reformada que lentamente fue marcando su huella en la historia.

Pronto los muros del primitivo convento resultaron estrechos para alojar a quienes deseaban abrazar el ideal agustino recoleto y por ello en el giro de pocos años de fueron fundados otros conventos en Cartagena, Panamá, Bogotá, Tunja, Cartago (Costa Rica), Honda, Lima (Perú) y Misque (Bolivia), entre otros.