Las variadas crisis que actualmente afectan a la mayoría de las comunidades religiosas, tanto masculinas como femeninas, y la necesidad de acoplar la vida religiosa al mundo actual, ha llevado a que muchas de ellas hayan emprendido el arduo camino de la reestructuración y de la revitalización.

La Orden de Agustinos Recoletos hemos aceptado el reto y es así como en el último Capítulo General celebrado en Roma del 3 al 26 de octubre de 2016, se “ha aprobado el Proyecto de vida y misión de la orden 2016 – 2022”.

La meta propuesta en este proyecto es: “Esperamos que este proyecto suscite vida, genere comunión desde nuestro ser de agustinos recoletos y nos impulse en la misión evangelizadora que, como tales, tenemos hoy en la Iglesia. Su puesta en marcha nos ayudará a seguir avanzando unidos, con la gracia del Espíritu en el proceso de revitalización”.

Una vez concluido el capítulo, entra en marcha el proceso de restauración con la propuesta de reducir de ocho a cuatro las provincias en el mundo, quedando ya establecidas luego de un serio proceso de información y concientización para que la unión de provincias no fuera traumática, sino por el contrario, aceptada con verdadero sentido de fe y esperanza para una mejor marcha de la Orden.

Finalizando el año 2018, se cristaliza la unión así: A la Provincia de Nuestra Señora de la Candelaria se unen la Provincia de Nuestra Señora de la Consolación; a la Provincia de Santo Tomás, se unen, la de San José y Santa Rita; la de San Agustín queda fusionada con la Provincia de San Nicolás la Provincia de San Ezequiel queda igual.

La Orden entonces hoy camina y labora en 19 países distribuidos en cuatro provincias: San Nicolás de Tolentino, Nuestra Señora de la Candelaria, Santo Tomás de Villanueva y San Ezequiel Moreno.

Dada la escasez de personal, y también el promedio alto de edad en algunas de ellas, se realiza un análisis para suprimir algunas de las casas, ya la Provincia de la Candelaria ha suprimido las dos casas de Chile y se estudia la posibilidad de cerrar una o dos en España.

Viene ahora el paso más importante, el de la revitalización. Este es un proceso vital, pues supone que cada uno de los religiosos entre con seriedad en la revisión de su propia vida, para fortalecer y reorganizar su vida de acuerdo a lo que hoy y siempre nos ha pedido la Iglesia: el digno ejercicio de nuestro ministerio con miras a la propia santificación, y de ahí, a la proyección de nuestras vidas a las almas que se han encomendado en los ministerios de la Orden.

Esta revitalización exige el esfuerzo para el cambio en cada religioso; nadie ni nada puede entrar en mi interior sino quiero dar paso a esa apertura. En la medida que vayamos mejorando nuestro estado personal, los frutos se reflejaran en una comunidad más viva, más apostólica, más cercana a los ideales trazados y a los deseos de nuestra Iglesia.