Gracias al exitoso 1er Retiro espiritual JAR el cual contó con la asistencia de 21 jóvenes de la parroquia San Nicolás de Tolentino, Agustiniano Norte Bogotá, se ha abierto oficialmente la convocatoria para el Retiro espiritual CORAZÓN INQUIETO” al cual estan invitados todos los jovenes estudiantes de los Colegios Agustinianos.

FECHA: Viernes 19 al domingo 21 de julio

LUGAR:  Casa de Ejercicios Espirituales Emaus Carrera 80i No. 65 – 40 Sur. Bogota D.C.

Para mayor información: 3118164805

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Del 4 al 7 de julio en la finca Santa Mónica, ubicada en la Vega, Cundinamarca, se realizó el 1er Retiro espiritual JAR “CORAZÓN INQUIETO” con 21 jóvenes de la parroquia San Nicolás de Tolentino, Agustiniano Norte Bogotá, coordinados por los Frailes Andrés Aguilera Romero, Jeison Javier Barrios Simancas y Juan de Dios Tibocha Restrepo.

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Del 1 al 5 de Julio, el grupo de acólitos, JAR, Madauray Tolle lege de la parroquia San Agustín, Bucaramanga, partieron para el Desierto de la Candelaria a la experiencia del Campamento Agustiniano. En ambiente de oración y diversión, vivieron un Casiciaco un total de 36 niños y jóvenes, 15 padres de familia y los Frailes Sergio Gerena y Óscar Carrizales asesor JAR. Luego de cuatro días de trabajo partieron a Paipa y regresaron a Bucaramanga. Dios permita dar frutos de crecimiento espiritual en esta comunidad parroquial.

 

Los jóvenes de las JAR de Bogotá celebraron recientemente un día de retiro para reflexionar sobre la Pascua y profundizar en su vida comunitaria. Para muchos, ha sido una experiencia única en la que se han encontrado con Jesús Resucitado

El tiempo de Pascua que ha concluido ha sido una oportunidad para buscar a Dios, vivo y presente en la vida cotidiana. Los jóvenes de las JAR de Bogotá (Colombia) así lo hicieron. Semanas después de la Pascua, celebraron un retiro en el que profundizaron en su encuentro con Dios, o incluso lo tuvieron. 

El agustino recoleto Andrés Aguilera, que acompaña a los grupos JAR de la capital colombiana, explica que el retiro tenía como objetivo «que se sientan más jóvenes agustinos recoletos». La actividad buscaba además «que se conozca entre ellos, que vivan una experiencia de fraternidad y con Jesús», a través de la palabra y de la eucaristía, pero además a través de su propio ‘yo’.

Y esto se cumplió. Después de varias horas de reflexión, adoración y también diversión, Laura afirma que «tuvimos un encuentro con Jesús». Asegura que ella se dio cuenta de que debía deshacerse de todo lo que no necesitaba en su vida. En este sentido, otro de los jóvenes apunta que «podemos tener muchas cosas en la vida, pero sin Él no vamos a encontrar la verdadera felicidad». 

En este encuentro, los jóvenes no estuvieron solos. Además de los religiosos que suelen realizar el acompañamiento -aun en fase de formación-, estuvieron junto a ellos las monjas agustinas recoletas y las misioneras agustinas recoletas. Ambas coinciden en que fue una «suerte» compartir con los jóvenes. De esta forma, los jóvenes de Bogotá han fortalecido su fraternidad. Y es que, como dice Armando, otro de los jóvenes, «ser JAR es más que un grupo, es tener una familia».  

Del 21 al 24 de junio, Fray ANDRES AGUILERA ROMERO y las hermanas EVA VILLA Y HUARANI ESPARZA, monjas agustinas recoletas de vida contemplativa, participaron en la ciudad de Medellín en el XXXVII Congreso nacional de jóvenes, que organizó la Arquidiócesis, con lema “envíame a mí, yo seré tu mensajero” «Is. 6,8»

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La Orden de Agustinos Recoletos tiene una propuesta para los jóvenes laicos. En las Juventudes Agustino Recoletas, los jóvenes viven el carisma Agustino Recoleto en su propio contexto juvenil.

JAR responde a las siglas de Juventudes Agustino Recoletas. Surgen como expresión, en el mundo de los jóvenes, del estilo y vida que San Agustín llevó y quiso que sus amigos y seguidores llevaran. Los jóvenes de nuestros grupos quieren seguir a Jesús a través del carisma de San Agustín. El movimiento JAR es una organización católica e internacional juvenil, enmarcada dentro de la estructura de la Orden de Agustinos Recoletos, y presente en muchos de los países donde los religiosos desarrollan su labor pastoral.

Jóvenes
Las notas distintivas de las JAR son:

1. Orante

Los miembros de JAR desarrollan un proceso de conversión continua, por el cual, saliendo de la dispersión y la exterioridad, entran dentro de sí mismos para encontrarse en oración con Dios que los está esperando.

2. Comunitaria

Las JAR intentan revivir la experiencia de la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén, en el estudio vivencial de la Palabra, la fidelidad en la Fracción del Pan, la solidaridad con los necesitados y la comunión íntima de sus miembros en verdadera amistad y fraternidad, según la experiencia carismática de san Agustín y de la Recolección en total sintonía y colaboración con los pastores de la Iglesia.

3. Misionera

Esta dimensión de las JAR implica una total disponibilidad al servicio de la Iglesia colaborando activamente en las misiones y demás ministerios de toda la familia Agustino Recoleta.

4. Mariana.

Las JAR nacen bajo el amparo de la Virgen María, Madre de la Consolación y a ella encomiendan los jóvenes sus actividades y su misma vida.

5. Agustiniana

Siguiendo los ejemplos de los santos y religiosos modelos de toda la familia Agustino Recoleta, la enriquecen con su juventud y dinamismo y permanecen en sintonía con todos sus miembros.

 

¿Para qué JAR?

Este movimiento surge por el deseo de los Agustinos Recoletos y la llamada de la Iglesia a compartir el carisma propio con los jóvenes, para ayudarlos de esta forma en su respuesta a la llamada que Dios hace a todo ser humano.
Sus fines son:

1. La formación de sus miembros para que vivan la vocación y espiritualidad cristianas de acuerdo con sus notas distintivas.
2. La vivencia y difusión del pensamiento y valores de san Agustín y de la tradición recoleta.
3. El apostolado mediante el testimonio de la vida y el trabajo por la evangelización.
4. La construcción de la civilización del amor según los valores cristianos, con toda clase de medios apropiados a su condición y edad.
5. La promoción de las personas y los grupos sociales necesitados.
6. La colaboración en las actividades de la familia Agustino Recoleta.

 

En Kankintú, Panamá se llevó acabo el Primer retiro espiritual para jóvenes de Guabito y Kankintú, coordinados por Fray Jhon Fredy Reyes Campo; la ilusión es poder iniciar lo más pronto posible el trabajo del itinerario JAR.

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El agustino recoleto José Manuel Cambero reflexiona en este artículo sobre la mirada de los jóvenes

Continuamente veo miradas limpias, resplandecientes, sinceras, buscadoras del saber, serenas, tranquilas… Están en las caras de nuestros alumnos y de nuestras alumnas: miras sus ojos y estos sonríen, enfocan la vida de frente, con esperanza.

Soy muy afortunado porque la misión que me han encomendado tiene que ver con la educación. Puedo constatar diariamente esa ansia por saber y crecer, por vivir y soñar, por servir y creer. Las risas, las confidencias entre amigos, el trato amable entre compañeros, preguntar lo que esperan aprender, investigar y buscar en la red aquello que desean comprender… dialogar y pensar… Todo eso es labor de nuestros alumnos. Tengo la suerte de poder verlos en varios de nuestros colegios y constato y confirmo con otros compañeros que tienen mi misma suerte su afabilidad, su inquietud y su mirada limpia.

A veces, en los momentos de bajada, nos preguntamos si los jóvenes están siendo educados correctamente, si estamos acertando en los modos y en el contenido, si estamos siendo capaces de transmitir valores, virtudes… Evangelio vivo. Pensamos, oramos en silencio, creemos saber sin conocer a fondo el mundo que les rodea, porque es su momento de juventud. Incluso existen quienes se piensan eternamente jóvenes, copartícipes de un momento de la historia personal de ellos, creyendo que entienden qué ocurre en su interior.

Descubre su mirada: fíjate en la alegría y en la sinceridad que irradia; en que se sienten seguros en nuestros entornos educativos, tranquilos, serenos, limpios. Constantemente agradezco a Dios vivir estos continuos días de trabajo rodeado de miradas inquietas, instigadoras de sinceridad, exigentes de verdad, ansiosas de creencias firmes, hambrientas de eternidad.

José Manuel Cambero OAR

#UnaPalabraAmiga

«Música para la vida» es un proyecto de musicoterapia de dos jóvenes de las JAR de Chihuahua que pretende reavivar la esperanza en niños enfermos de cáncer. «Esta terapia busca despertar en ellos el interés por ir al hospital»

Leslie Rey es miembro de las JAR de Chihuahua (México). Cuando comenzó a trabajar en el Hospital Infantil de Chihuahua con niños enfermos de cáncer, hace ya más de cuatro años, se dio cuenta de algo: «Los chicos iban perdiendo el sentido de la vida, dejaban de ser niños». Las duras sesiones de quimioterapia les robaban la sonrisa de su cara. Desde entonces, cuenta Leslie que quería llevar a cabo algún proyecto que «marcara la diferencia» en el hospital. 

El caso de Jennifer terminó de rematar su idea. Jennifer era una niña de cuatro años que sufría leucemia. Siempre que iba al hospital, le gustaba jugar con una guitarra de juguete. «Le hacía ilusión aprender clases de música», recuerdo Leslie, a quien le sorprendió la ocurrencia de la pequeña que, con tan poca edad, razonara con esa lucidez. Pensando sobre esto, la joven le contó la historia a Roberto Mendoza, también miembro de las JAR de Chihuahua. Así, juntos, definieron y comenzaron a trabajar en una idea que ambos entendían como una necesidad.

Jennifer falleció y no podrá conocer el proyecto que, en gran medida, surgió de ella. Se llama «Música para la vida», un plan de musicoterapia que dos jóvenes de las JAR pondrán en marcha próximamente en el Hospital Infantil de Chihuahua para los niños con cáncer. En él llevan trabajando un año. Su propuesta ha sido premiada en un concurso de proyectos de emprendimiento social y, gracias a esa retribución, podrán comenzar en las próximas semanas.

Una ayuda contra el cáncer…

Roberto explica el proyecto como una terapia alternativa a su tratamiento. «La quimioterapia es bastante fuerte para los pequeños y por eso no quieren ir al hospital», explica. «Esta terapia busca despertar en ellos el interés por ir al hospital». El objetivo es llevarle la música a los niños de la planta de oncología del centro y que activen sus cualidades psicomotrices y psicológicas.

Este tipo de prácticas ya se llevan a cabo en otros lugares. «Además de que está comprobado científicamente que estimula el cerebro, ayuda a que no se desmotiven con la quimioterapia», indica Roberto. 

Y es que cuando los niños están felices, su recuperación es más fácil. Cuando están tristes y pierden las ganas de luchar, no les ayuda a vencer el cáncer. E indirectamente también ayuda a la familia, que afronta la situación de forma más animada cuando ven a los niños felices. 

… y para el alma

Pero «Música para el alma» no es solo una ayuda al tratamiento. También es un apoyo al alma de sus creadores. «Nos genera un beneficio en el corazón», afirma Roberto. Este proyecto pretende llevar «amor al prójimo, como hemos aprendido en las JAR», dice Leslie. 

La musicoterapia es también una forma de apostolado para estos dos jóvenes de las JAR. Roberto dice rotundo: «Con la música llevamos a Jesús a los niños con cáncer». Afirma Leslie que su formación en las Juventudes Agustino Recoletas les ha enseñado «que toda la energía no se puede quedar en nosotros sino que debemos transmitirla». 

Para su comunidad JAR, este proyecto permite, «ver -según Roberto- que todos podemos ayudar y crear ese espacio para la ayuda». 

El proyecto se hará realidad

A través de Héber Hermosillo, también de las JAR de Chihuahua, decidieron presentarse al concurso ‘Emprende por un cambio social’, organizado por Celiderh y FECHAC (Fundación del Empresariado Chihuahuense). «Planteamos el proyecto en el concurso entre otros 150 proyectos; de ahí quedaron 50 y después 15», relata Leslie. 

«Música para la vida» ha sido premiada con $20.000 en segunda posición. El proyecto de Roberto y Leslie se hará realidad cuando adquieran con esa cantidad los materiales que necesitan los creadores para llevar a cabo su actividad y los pequeños enfermos para recuperar la alegría que el cáncer les pueda arrebatar.

 

« “Somos miembros unos de otros” (Ef 4,25).
De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana »

Queridos hermanos y hermanas:

Desde que internet ha estado disponible, la Iglesia siempre ha intentado promover su uso al servicio del encuentro entre las personas y de la solidaridad entre todos. Con este Mensaje, quisiera invitarles una vez más a reflexionar sobre el fundamento y la importancia de nuestro estar-en-relación; y a redescubrir, en la vastedad de los desafíos del contexto comunicativo actual, el deseo del hombre que no quiere permanecer en su propia soledad.

Las metáforas de la “red” y de la “comunidad”

El ambiente mediático es hoy tan omnipresente que resulta muy difícil distinguirlo de la esfera de la vida cotidiana. La red es un recurso de nuestro tiempo. Constituye una fuente de conocimientos y de relaciones hasta hace poco inimaginable. Sin embargo, a causa de las profundas transformaciones que la tecnología ha impreso en las lógicas de producción, circulación y disfrute de los contenidos, numerosos expertos han subrayado los riesgos que amenazan la búsqueda y la posibilidad de compartir una información auténtica a escala global. Internet representa una posibilidad extraordinaria de acceso al saber; pero también es cierto que se ha manifestado como uno de los lugares más expuestos a la desinformación y a la distorsión consciente y planificada de los hechos y de las relaciones interpersonales, que a menudo asumen la forma del descrédito.

Hay que reconocer que, por un lado, las redes sociales sirven para que estemos más en contacto, nos encontremos y ayudemos los unos a los otros; pero por otro, se prestan también a un uso manipulador de los datos personales con la finalidad de obtener ventajas políticas y económicas, sin el respeto debido a la persona y a sus derechos. Entre los más jóvenes, las estadísticas revelan que uno de cada cuatro chicos se ha visto envuelto en episodios de acoso cibernético[1].

Ante la complejidad de este escenario, puede ser útil volver a reflexionar sobre la metáfora de la red que fue propuesta al principio como fundamento de internet, para redescubrir sus potencialidades positivas. La figura de la red nos invita a reflexionar sobre la multiplicidad de recorridos y nudos que aseguran su resistencia sin que haya un centro, una estructura de tipo jerárquico, una organización de tipo vertical. La red funciona gracias a la coparticipación de todos los elementos.

La metáfora de la red, trasladada a la dimensión antropológica, nos recuerda otra figura llena de significados: la comunidad. Cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza. La comunidad como red solidaria precisa de la escucha recíproca y del diálogo basado en el uso responsable del lenguaje.

Es evidente que, en el escenario actual, la social network community no es automáticamente sinónimo de comunidad. En el mejor de los casos, las comunidades de las redes sociales consiguen dar prueba de cohesión y solidaridad; pero a menudo se quedan solamente en agregaciones de individuos que se agrupan en torno a intereses o temas caracterizados por vínculos débiles. Además, la identidad en las redes sociales se basa demasiadas veces en la contraposición frente al otro, frente al que no pertenece al grupo: este se define a partir de lo que divide en lugar de lo que une, dejando espacio a la sospecha y a la explosión de todo tipo de prejuicios (étnicos, sexuales, religiosos y otros). Esta tendencia alimenta grupos que excluyen la heterogeneidad, que favorecen, también en el ambiente digital, un individualismo desenfrenado, terminando a veces por fomentar espirales de odio. Lo que debería ser una ventana abierta al mundo se convierte así en un escaparate en el que exhibir el propio narcisismo.

La red constituye una ocasión para favorecer el encuentro con los demás, pero puede también potenciar nuestro autoaislamiento, como una telaraña que atrapa. Los jóvenes son los más expuestos a la ilusión de pensar que las redes sociales satisfacen completamente en el plano relacional; se llega así al peligroso fenómeno de los jóvenes que se convierten en “ermitaños sociales”, con el consiguiente riesgo de apartarse completamente de la sociedad. Esta dramática dinámica pone de manifiesto un grave desgarro en el tejido relacional de la sociedad, una laceración que no podemos ignorar.

Esta realidad multiforme e insidiosa plantea diversas cuestiones de carácter ético, social, jurídico, político y económico; e interpela también a la Iglesia. Mientras los gobiernos buscan vías de reglamentación legal para salvar la visión original de una red libre, abierta y segura, todos tenemos la posibilidad y la responsabilidad de favorecer su uso positivo.

Está claro que no basta con multiplicar las conexiones para que aumente la comprensión recíproca. ¿Cómo reencontrar la verdadera identidad comunitaria siendo conscientes de la responsabilidad que tenemos unos con otros también en la red?

“Somos miembros unos de otros”

Se puede esbozar una posible respuesta a partir de una tercera metáfora, la del cuerpo y los miembros, que san Pablo usa para hablar de la relación de reciprocidad entre las personas, fundada en un organismo que las une. «Por lo tanto, dejaos de mentiras, y hable cada uno con verdad a su prójimo, que somos miembros unos de otros» (Ef 4,25). El ser miembros unos de otros es la motivación profunda con la que el Apóstol exhorta a abandonar la mentira y a decir la verdad: la obligación de custodiar la verdad nace de la exigencia de no desmentir la recíproca relación de comunión. De hecho, la verdad se revela en la comunión. En cambio, la mentira es el rechazo egoísta del reconocimiento de la propia pertenencia al cuerpo; es el no querer donarse a los demás, perdiendo así la única vía para encontrarse a uno mismo.

La metáfora del cuerpo y los miembros nos lleva a reflexionar sobre nuestra identidad, que está fundada en la comunión y la alteridad. Como cristianos, todos nos reconocemos miembros del único cuerpo del que Cristo es la cabeza. Esto nos ayuda a ver a las personas no como competidores potenciales, sino a considerar incluso a los enemigos como personas. Ya no hay necesidad del adversario para autodefinirse, porque la mirada de inclusión que aprendemos de Cristo nos hace descubrir la alteridad de un modo nuevo, como parte integrante y condición de la relación y de la proximidad.

Esta capacidad de comprensión y de comunicación entre las personas humanas tiene su fundamento en la comunión de amor entre las Personas divinas. Dios no es soledad, sino comunión; es amor, y, por ello, comunicación, porque el amor siempre comunica, es más, se comunica a sí mismo para encontrar al otro. Para comunicar con nosotros y para comunicarse a nosotros, Dios se adapta a nuestro lenguaje, estableciendo en la historia un verdadero diálogo con la humanidad (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, 2).

En virtud de nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios, que es comunión y comunicación-de-sí, llevamos siempre en el corazón la nostalgia de vivir en comunión, de pertenecer a una comunidad. «Nada es tan específico de nuestra naturaleza –afirma san Basilio– como el entrar en relación unos con otros, el tener necesidad unos de otros»[2].

El contexto actual nos llama a todos a invertir en las relaciones, a afirmar también en la red y mediante la red el carácter interpersonal de nuestra humanidad. Los cristianos estamos llamados con mayor razón, a manifestar esa comunión que define nuestra identidad de creyentes. Efectivamente, la fe misma es una relación, un encuentro; y mediante el impulso del amor de Dios podemos comunicar, acoger, comprender y corresponder al don del otro.

La comunión a imagen de la Trinidad es lo que distingue precisamente la persona del individuo. De la fe en un Dios que es Trinidad se sigue que para ser yo mismo necesito al otro. Soy verdaderamente humano, verdaderamente personal, solamente si me relaciono con los demás. El término persona, de hecho, denota al ser humano como ‘rostro’ dirigido hacia el otro, que interactúa con los demás. Nuestra vida crece en humanidad al pasar del carácter individual al personal. El auténtico camino de humanización va desde el individuo que percibe al otro como rival, hasta la persona que lo reconoce como compañero de viaje.

Del “like” al “amén”

La imagen del cuerpo y de los miembros nos recuerda que el uso de las redes sociales es complementario al encuentro en carne y hueso, que se da a través del cuerpo, el corazón, los ojos, la mirada, la respiración del otro. Si se usa la red como prolongación o como espera de ese encuentro, entonces no se traiciona a sí misma y sigue siendo un recurso para la comunión. Si una familia usa la red para estar más conectada y luego se encuentra en la mesa y se mira a los ojos, entonces es un recurso. Si una comunidad eclesial coordina sus actividades a través de la red, para luego celebrar la Eucaristía juntos, entonces es un recurso. Si la red me proporciona la ocasión para acercarme a historias y experiencias de belleza o de sufrimiento físicamente lejanas de mí, para rezar juntos y buscar juntos el bien en el redescubrimiento de lo que nos une, entonces es un recurso.

Podemos pasar así del diagnóstico al tratamiento: abriendo el camino al diálogo, al encuentro, a la sonrisa, a la caricia... Esta es la red que queremos. Una red hecha no para atrapar, sino para liberar, para custodiar una comunión de personas libres. La Iglesia misma es una red tejida por la comunión eucarística, en la que la unión no se funda sobre los “like” sino sobre la verdad, sobre el “amén” con el que cada uno se adhiere al Cuerpo de Cristo acogiendo a los demás.

Vaticano, 24 de enero de 2019, fiesta de san Francisco de Sales.

Franciscus

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