Los Centros de Espiritualidad Agustino Recoleta de todo el mundo disfrutaron de su primer encuentro internacional en México. Venidos de más de diez países, religiosos y laicos conocieron y pusieron en común el proyecto de CEAR, una propuesta que aporta respuestas agustinianas desde la fe a las inquietudes del hombre del siglo XXI

Uno de los símbolos agustinianos más conocidos es el corazón. Con él se quiere representar la inquietud que san Agustín experimentó a lo largo de su vida y la preeminencia del amor como fundamento de la espiritualidad agustiniana. Esa inquietud del corazón bien podría representarte como una taquicardia, una aceleración de la frecuencia cardíaca motivada, entre otras razones, por una emoción intensa. Es así como se podría resumir lo vivido en el I Encuentro Internacional CEAR, como una taquicardia producida por la emoción y alegría de un sueño iniciado hace años que se va haciendo realidad.

Los Centros de Espiritualidad Agustino Recoleta (CEAR) constituyen una de las más firmes apuestas de la Orden de Agustinos Recoletos para fomentar el diálogo con nuestro mundo de hoy, el protagonismo de los laicos y la opción por una Iglesia en salida abierta a los alejados. Sus áreas de acción atienden a la formación integral de la persona, desde el crecimiento humano, el acompañamiento, la acción social, y las experiencias agustinianas. El primer Encuentro Internacional CEAR, celebrado del 27 al 22 de septiembre en México ha supuesto un verdadero impulso para estos nuevos ministerios de diálogo, comunión, búsqueda y encuentro.

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La convocatoria del presidente del Secretariado general de Espiritualidad y Formación, Javier Monroy, reunió en la Casa de la Recolección de Cuernavaca a más de 30 representantes de nueve países donde ya existen o se están proyectando futuros CEAR. Al encuentro asistió, también, el Prior general, Miguel Miró, el Vicario de EE.UU., Marlon Beof, el Vicario de México y Costa Rica, Javier Acero, los presidentes de los Secretariados provinciales de espiritualidad y formación de tres provincias, y responsables de los proyectos de CEAR de Inglaterra, Colombia, EE.UU., Brasil, México, Costa Rica y España.

Previo al encuentro en Cuernavaca, el domingo 16, los participantes se desplazaron a la Basílica de Ntra. Sra. de Guadalupe para celebrar la Eucaristía, presidida por el Cardenal Carlos Aguiar, arzobispo primado de México. En sus palabras insistió en la necesidad que nuestro mundo tiene de profundizar en la espiritualidad como respuesta a los retos del hombre moderno, agobiado por las prisas, la superficialidad y el relativismo.cear3.jpg

 

La dinámica del encuentro consistió en la presentación de las cinco dimensiones de los CEAR. En la primera jornada, Javier Monroy, consejero general y responsable de los CEAR, ofreció una visión general sobre las claves del hombre de hoy, la llamada de la Iglesia a leer los signos de los tiempos, la necesidad de salir al encuentro de los alejados, los peligros de la auto referencialidad y el clericalismo, y el impulso evangelizador que la Orden quiere dar con los CEAR. Silvia Chávez y Jorge Ramírez Sixtos, procesdentes del CEAR de Querétaro (México) presentaron el área de la experiencias agustinianas de Dios, describiendo los talleres de oración agustiniana, retiros de silencio, aulas agustinianas, ejercicios espirituales y otros talleres.

La segunda jornada se dedicó a reflexionar sobre la dimensión social del carisma agustino recoleto y las propuestas de colaboración entre ARCORES -la Red solidaria internacional agustino recoleta- y los CEAR. Antonio Carrón, consejero general y presidente de ARCORES internacional fue el encargado de introducir esta dimensión fundamental de todo  cristiano desde un análisis de la sociedad actual, las iniciativas sociales que, en más de 20 países, desarrolla la familia agustino recoleta, la labor de la Orden desde la Comisión de Apostolado Social y el impulso que está suponiendo la red ARCORES.

Otra de las dimensiones fundamentales de los CEAR es el crecimiento humano. Desde una perspectiva agustiniana, sólo desde el Jesús hombre se puede llegar al Cristo Dios, sólo desde el conocimiento propio y personal, desde lo humano es como podemos llegar a trascendernos. El agustino recoleto Víctor González y Mª Eugenia Trujillo, de la Fraternidad Seglar de Costa Rica, fueron los encargados de presentar la multitud de talleres formativos que, desde hace años, se desarrollan en los CEAR y que tantas experiencias de crecimiento y de encuentro con Dios ya han propiciado.

Las jornadas del jueves y viernes se dedicaron a las importantes dimensiones del acompañamiento y de la formación ofrecida en los CEAR. Javier Monroy disertó sobre la experiencia agustiniana de ser peregrino junto a otros, de hacer camino juntos como clave de acompañamiento. La presentación de la dimensión formativa de los CEAR, a cargo de Javier Acero, sistematizó la propuesta integral de estos ministerios liderados por laicos y religiosos.

Finalmente, se presentaron los estatutos marco de los CEAR y de la Red CEAR, que quiere ser un apoyo a todas las experiencias locales que ya funcionan o que comienzan a constituirse en los diversos países. Una plataforma online, recursos formativos, asesoramiento y apoyo logístico son algunos de los elementos de esta red que ya comienza a ver frutos de sinergias y trabajo conjunto.

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El Prior general, Miguel Miró, que dirigió unas palabras introductorias en la segunda jornada y otra ponencia de clausura en la última jornada, destacó lo que suponen los CEAR como respuesta a los signos de los tiempos eclesiales. Recordó la importancia de estos ministerios coordinados por equipos de religiosos y laicos y que buscan evangelizar desde el carisma agustino recoleto. “Que sean centros de espiritualidad -destacó- supone que su punto de partida es la vida en Cristo y en el Espíritu, que se acepta por la fe, que se expresa por el amor y, en esperanza, es conducida a la vida dentro de la comunidad eclesial”. Insistió, asimismo, en la proyección que el 55º Capítulo general supuso para toda la Orden desde la llamada, en la que insistió el Papa Francisco, a ser creadores de comunión: “El Espíritu nos impulsa a caminar en comunión con toda la Iglesia y a compartir nuestro carisma y misión con los laicos, para anunciar el Evangelio con alegría y renovada esperanza”. Finalmente, Miró expresó que los CEAR “pueden ser instrumentos de comunión en nuestro propio corazón, en la familia, en las provincias, en la Orden, en la Iglesia. Una comunión con los pobres, con la humanidad, con toda la creación. Al origen y al final siempre está Cristo, que nos infunde su Espíritu para que vivamos en comunión con el Padre. Los CEAR son un sueño que comienza a ser realidad”.

Ponencias, grupos de trabajo, experiencias de oración, talleres y dinámicas fueron la tónica de este I Encuentro Internacional CEAR que se clausuró con la celebración Eucarística presidida por Mons. Carlos Briseño, agustino recoleto y obispo auxiliar de la Ciudad de México que también destacó el impulso que estos nuevos ministerios van a suponer para la vida de la Iglesia y de la Orden. “La experiencia de san Agustín -dijo- no es sólo para los agustinos: san Agustín es patrimonio de toda la Iglesia y nosotros somos los responsables de ofrecérselo al mundo”. Javier Monroy, organizador del encuentro junto con la Vicaría de México y Costa Rica, indicó que próximamente se convocarán nuevos encuentros para hacer seguimiento de los CEAR existentes y los que van surgiendo. La taquicARdia continúa.

El agustino recoleto Fortunato Pablo Urcey es obispo de la Prelatura de Chota (Perú). Esta pequeña localidad peruana es “la periferia del mundo” de la que habla el Papa, aunque afirma que “puede haber periferias existenciales” en cualquier lugar. Asegura que trabaja por ser cercano a la gente, como pide Francisco. Es el primer reportaje de la serie #ObisposOAR sobre los prelados agustinos recoletos

Cuando el Papa Francisco habla de las periferias del mundo, puede estar refiriéndose a lugares como Chota, donde muchas familias subsisten difícilmente. Lo admite Mons. Fortunato Pablo Urcey, agustino recoleto y desde 2003 obispo de la Prelatura de Chota (Perú). Las periferias pueden estar en los sitios alejados de la sociedad. No obstante, para el prelado de origen español también puede haber “otras periferias existenciales en una ciudad en un barrio marginal, donde las personas no tienen los medios suficientes para una realización digna”.

En Chota, la Iglesia tiene múltiples retos. Desde la construcción de su catedral, en la que Mons. Fortunato está totalmente implicado, hasta la atención a los más necesitados. Mencionando a Santiago, el obispo agustino recoleto afirma que “el hermano necesitado refleja el rostro de Cristo”. “Son los brazos de la cruz abiertos para abrazar pero my conscientes de que le astil va disparado hacia el cielo”.

Los pobres deben ser la prioridad. En primer lugar, como agustinos recoletos. “Por nuestro carisma religioso hemos de estar atentos a las necesidades de los hermanos”, dice. Además, como obispos y sacerdotes hay que ocuparse del necesitado, siguiendo las directrices del Papa Francisco. Es la famosa frase: que el obispo tenga olor a oveja. “No se compra, se consigue estando cerca de la gente, que el obispo pasee por las calles…”.

¿Cuál es el reto de la Iglesia? La respuesta es fácil para el prelado de Chota. “Seguir en la línea de evangelización, -dice- de asumir todo lo que nos dice la ‘Evangelii Gaudium,’ poniendo siempre como motor el amor; y asumir, sin dejar el aspecto religioso, la encíclica de la ecología, ‘Laudato Si'”. Fortunato Pablo Urcey cree es “bueno” que haya obispos que sean además religiosos. “Tenemos un punto a favor porque hemos aprendido a vivir en comunidad, el uso de las cosas necesarias en la vida y no tener afán de atesorar; lo dice San Agustín en el Regla: ‘Lo más importante es necesitar poco'”. Los desafíos de la Iglesia de Chota son muchos, aunque el que más le preocupa es la proliferación de las sectas: “Confunden a la gente”. Su sueño es el de tener unos religiosos bien formados, que fortalezcan a la Iglesia y a los cristianos.

#ObisposOAR es una serie de reportajes y entrevistas grabadas a obispos agustinos recoletos en los que analizan y dan su visión sobre la labor pastoral de la Iglesia

San Nicolás de Tolentino siempre es representado con una estrella. Tiene que ver con una historia ocurrida los últimos meses de vida del santo agustino. En el día de su festividad, recordamos esta anécdota que le hace ser el ‘Santo de la Estrella’

Al igual que el símbolo característico de San Agustín es el corazón ardiendo, San Nicolás de Tolentino -cuya festividad celebramos este lunes 10 de septiembre- siempre es representado con una estrella o varias en su hábito agustino. Popularmente, al Protector de las Almas del Purgatorio se le conoce como el ‘Santo de la Estrella’. Todo proviene de un capítulo importante de su vida que marcó los últimos meses de la vida terrena del religioso agustino.

Una noche, tras haber estado orando varias horas, mientras se encontraba en un duermevela místico, observó en el cielo una estrella muy brillante. Según relata la leyenda, se encontraba justo sobre su pueblo natal: Sant’Angelo in Pontano (Italia). Impresionado por lo que estaba presenciando, vio cómo la estrella descendía hacia el pueblo, a la vez que aumentaba su brillo. Tras posarse sobre el pueblo, ascendía de nuevo y continuaba su trayectoria hasta el convento de Tolentino, donde se encontraba. Así ocurrió varias noches. San Nicolás seguía todas las noches el curso de la estrella, siempre el mismo.

Intuía que lo que veía cada noche se trataba de un signo importante, aunque no era capaz de interpretarlo. Al fin se decidió a consultar a un religioso de la comunidad de Tolentino, quien le respondió: “La estrella es símbolo de tu santidad. En el sitio donde se detiene se abrirá pronto una tumba; es tu tumba, que será bendecida en todo el mundo como manantial de prodigios, gracias y favores celestiales”. No obstante, no se atrevía a dar credibilidad a lo que escuchaba.

A partir de ese día dejó de ver la estrella durante la noche y la veía durante el día, con la claridad del sol. Cuando iba a celebrar la eucaristía, la encontraba esperándole a la puerta del oratorio. Lo precedía al altar y allí, sobre los candelabros, se mantenía toda la misa. Cuando el santo, tras la acción de gracias, se levantaba para salir, la estrella desaparecía.

La estrella marcaba el final en el Señor, hecho Eucaristía. Nicolás estaba llegando a la meta. “A los veinte años de la muerte del santo –diría su primer biógrafo–, el día del aniversario aún se hacía visible sobre el altar la estrella, y miles de peregrinos acudían a contemplarla”. Es por eso que en la iconografía y en la fe del pueblo, San Nicolás de Tolentino es el Santo de la estrella. Desde entonces, este signo celeste de su santidad ha orientado hacia Dios muchas miradas, y hacia el cielo muchas vidas.

San Nicolás de Tolentino nació en San Angelo (Italia) en 1245; se dice que su madre, avanzada en años, no había podido concebir y junto a su esposo hicieron una peregrinación al Santuario de San Nicolás de Bari donde ella rogó a Dios por un hijo que se entregara al servicio divino, tiempo después quedó embarazada. Mientras crecía, el pequeño Nicolás pasaba horas en oración, escuchaba con entusiasmo la Palabra de Dios, llevaba a su casa a los pobres para compartir con ellos lo que tenía y se deleitaba en leer buenos libros como estudiante.

Después de escuchar el sermón de un fraile o ermitaño de la Orden de San Agustín, se decidió a renunciar al mundo e ingresó a la Orden en el convento del pequeño pueblo de Tolentino. Hizo su profesión religiosa antes de haber cumplido los 18 años de edad y en 1271 fue ordenado sacerdote en el convento de Cingole.

Los últimos 30 años de su vida, aproximadamente, Nicolás vivió en Tolentino. Predicaba en las calles, administraba los sacramentos en asilos para ancianos, hospitales y prisiones. Asimismo pasaba largas horas en el confesioLos fieles, impresionados de ver las conversiones que obtenía y su profunda espiritualidad, le pedían que intercediera por las almas del purgatorio y esto le valió, muchos años después de su muerte, ser nombrado “Patrón de las Santas Almas”.Cuando por gracia de Dios obraba algún milagro, pedía a los presentes que “no digan nada sobre esto. Denle las gracias a Dios, no a mí".

El Santo padeció por mucho tiempo de dolores de estómago y poco a poco su salud fue empeorando. Un día se le apareció la Virgen María y le dio instrucciones para que pidiera un trozo de pan, lo mojara en agua y se lo comiera con la promesa de que se curaría por su obediencia. Así sucedió y en gratitud, San Nicolás bendecía trozos de pan similares y se los daba a los enfermos, obteniendo numerosas sanaciones.Partió a la Casa del Padre el 10 de septiembre de 1305 y fue enterrado en la iglesia de su convento en Tolentino.

Un siglo después se hizo el reconocimiento de los huesos y se vio que los brazos amputados se hallaban intactos y empapados en sangre. Siglos después se repitió el derramamiento de sangre fresca de los brazos de San Nicolás de Tolentino.Muchas décadas después fue expuesto su cuerpo incorrupto y se dice que al parecer un hombre extranjero le cortó los brazos para llevárselos a su país natal, pero fue capturado por un flujo de sangre que brotó de las extremidades del Santo.

 

Tomado de: aciprensa.com

 

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Desde 1926 Nuestra Señora de la Consolación -cuya festividad se celebra el 4 de septiembre- es Patrona de la Orden de Agustinos Recoletos. El entonces Prior general, Vicente Soler, firmó el documento que consagraba la Orden a la advocación mariana

Fue un 7 de agosto de 1926. El entonces Prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, el Beato Vicente Soler -quien posteriormente sería uno de los mártires de Motril-, anunció que “habiendo dado cuenta a nuestro Venerable Defintorio General de este nuestro propósito de consagrar la Orden a la Santísima Virgen María, lo aprobó por unanimidad”. Así fue como la Orden de Agustinos Recoletos proclamó a la Madre de la Consolación y Sagrada Correa como su Patrona.

La Virgen, que según la leyenda se le apareció a Santa Mónica para consolarla por su hijo Agustín y le entregó un hábito negro con una correa, pasó a ser en 1926 la Patrona de los Agustinos Recoletos, quienes pusieron en sus manos el carisma y la labor de la Recolección. Se nombró en el texto de la Consagración de la Orden de Agustinos Recoletos a Nuestra Señora de la Consolación, firmado por el Prior general Vicente Soler y que se reproduce íntegramente a continuación:

En honor y gloria de la Santísima Trinidad.
Padre, Hijo y Espíritu Santo.

¡Amantísima Madre de Dios y Madre nuestra!: Aquí tenéis humildemente postrada a vuestros pies a esta Hija de vuestra predilección, nuestra amada Orden de ermitaños recoletos de San Agustín, que hoy se consagra a vuestro servicio y a vuestro santo amor, y por vuestra mediación, a vuestro Santísimo Hijo Jesús.

Vos sabéis, ¡oh Madre amadísima! que desde los primeros días de nuestra existencia, desde la cuna misma de la recolección hemos sido siempre vuestros, y vuestros queremos ser perpetuamente. Animados por el espíritu de nuestros santos fundadores queremos en este día renovar en vuestra presencia aquellos sentimientos de amor y gratitud, de devoción ardiente que ellos os profesaron, haciendoos total entrega de cuanto somos y tenemos, para que de ahora en adelante dispongáis de nosotros como mejor os plazca; pues sólo anhelamos cumplir vuestra santa voluntad. Vos, Señora nuestra, habéis dirigido nuestros pasos. Vos habéis iluminado nuestras inteligencias para seguir sin vacilar las enseñanzas de la santa Iglesia, y habéis inflamado nuestros corazones en vuestro amor y en el vuestro divino Jesús para realizar grandes cosas por vuestros honor. Deseando caminar por esta senda de luz y amor que nos han trazado nuestros antepasados, venimos hoy, ¡oh Madre querida! a consagraros no sólo nuestras personas y nuestros actos, sino también esta Corporación Agustiniana Recoleta de la que somos hijos.

Os consagramos, pues, ahora y os dedicamos solemnemente, y ponemos en vuestras divinas manos, nuestra amada Orden con todos y cada uno de los religiosos que la forman, y con todas las Provincias, Conventos, Colegios y Casa que lo integran. Os consagramos la ciencia de nuestros sabios, la virtud de nuestros santos, el celo de nuestros misioneros y el heroísmo de nuestros apóstoles y mártires; os hacemos perpetua entrega de los Superiores y súbditos, de los jóvenes y ancianos, y de todos los hijos de la Recolección Agustiniana. En vuestras manos virginales ponemos, oh Madre amadísima nuestras almas con todas sus aspiraciones, nuestro corazón con sus afectos, nuestras potencias y sentidos, nuestros proyectos y necesidades, todo nuestro ser, toda nuestra vida, todo cuanto somos y poseemos, para que todo conspire siempre a honraros y glorificaros y amaros a Vos y en Vos a vuestro divino Hijo Jesús.

Reinad, Señora y querida Madre nuestra, reinad en nuestra Orden como en cosa y posesión vuestra; reinad en todos sus hijos para que todos sean esclavos de vuestro amor, y dignáos ratificar ante vuestro amantísimo Hijo Jesús esta consagración que acabamos de hacer para que cumpliéndola como Vos deseáis, vivamos siempre entregados a vuestro santo amor y muramos en el ósculo del Señor y cobijados bajo el manto de vuestra maternal protección.

Benedicto XVI recordó el 30 de agosto de 2010 la figura de Santa Mónica, madre de San Agustín. Ejemplo de madre cristiana, Mónica oró por la conversión de su hijo y por su fe. Recuperamos las palabras del Pontífice en el día de su festividad

Queridos hermanos y hermanas:

Hace tres días, el 27 de agosto, celebramos la memoria litúrgica de santa Mónica, madre de san Agustín, considerada modelo y patrona de las madres cristianas. Muchas noticias sobre ella nos proporciona su hijo en el libro autobiográfico Las confesiones, obra maestra entre las más leídas de todos los tiempos. Aquí conocemos que san Agustín bebió el nombre de Jesús con la leche materna y fue educado por su madre en la religión cristiana, cuyos principios quedaron en él impresos incluso en los años de desviación espiritual y moral. Mónica jamás dejó de orar por él y por su conversión, y tuvo el consuelo de verle regresar a la fe y recibir el bautismo. Dios oyó las plegarias de esta santa mamá, a quien el obispo de Tagaste había dicho: “Es imposible que se pierda un hijo de tantas lágrimas”. En verdad, san Agustín no sólo se convirtió, sino que decidió abrazar la vida monástica y, al volver a África, fundó él mismo una comunidad de monjes. Conmovedores y edificantes son los últimos coloquios espirituales entre él y su madre en la quietud de una casa de Ostia, a la espera de embarcarse rumbo a África. Santa Mónica ya había llegado a ser, para este hijo suyo, “más que madre, la fuente de su cristianismo”. Su único deseo durante años había sido la conversión de Agustín, a quien ahora veía orientado incluso a una vida de consagración al servicio de Dios. Por lo tanto podía morir contenta, y efectivamente falleció el 27 de agosto del año 387, a los 56 años, después de haber pedido a sus hijos que no se preocuparan por su sepultura, sino que se acordaran de ella, allí donde estuvieran, en el altar del Señor. San Agustín repetía que su madre lo había “engendrado dos veces”.

La historia del cristianismo está constelada de innumerables ejemplos de padres santos y de auténticas familias cristianas que han acompañado la vida de generosos sacerdotes y pastores de la Iglesia. Pensemos en san Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, ambos pertenecientes a familias de santos. Pensemos, cercanísimos a nosotros, en los esposos Luigi Beltrame Quattrocchi y Maria Corsini, que vivieron entre finales del siglo XIX y mediados de 1900, beatificados por mi venerado predecesor Juan Pablo II en octubre de 2001, coincidiendo con los veinte años de la exhortación apostólica Familiaris consortio. Este documento, además de ilustrar el valor del matrimonio y los deberes de la familia, llama a los esposos a un particular compromiso en el camino de santidad que, sacando gracia y fortaleza del sacramento del matrimonio, les acompaña a lo largo de toda su existencia (cf. n. 56). Cuando los cónyuges se dedican generosamente a la educación de los hijos, guiándolos y orientándolos en el descubrimiento del designio de amor de Dios, preparan ese fértil terreno espiritual en el que brotan y maduran las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Se revela así hasta qué punto están íntimamente unidas y se iluminan recíprocamente el matrimonio y la virginidad, a partir de su enraizamiento común en el amor esponsal de Cristo.

Ángelus – Palacios Apostólico de Castelgandolfo – Domingo 30 de agosto de 2009

La obra de San Agustín abarca prácticamente toda la fe cristiana, sus virtudes y valores. Estas 140 frases, tomadas de las obras del Padre de la Iglesia, pretende resumir de forma sencilla todo el pensamiento agustiniano 

Amor – Caridad

“Mi peso es mi amor; él me lleva doquiera soy llevado” (C 13,9,10)

“La raíz se halla profundamente afianzada en tierra; en donde está nuestra raíz, allí está nuestra vida, allí está nuestro amor” (CS 36,s.1 ,3).

“Si se enfría nuestro amor, se entumece nuestra acción” (CS 85,24).

“Oye, pues, de una vez un breve precepto: ama y haz lo que quieras; si callas, clamas, corriges, perdonas; calla, dama, corrige, perdona movido por la caridad. Dentro está la raíz de la caridad; no puede brotar de ella mal alguno” (TCJ 7,8)

“El que se pasa al lado de Cristo, pasa del temor al amor y comienza a poder cumplir con el amor lo que con el temor no podía” (S 32,8).

Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial…” (CD 14,28).

Amistad

“No hay amistad verdadera sino entre aquellos a quienes Tu aglutinas entre si por medio de la caridad” (C 4,4,7).

“Bienaventurado el que te ama a ti, Señor; y al amigo en ti, y al enemigo por ti, porque sólo no podrá perder al amigo quien tiene a todos por amigos en aquel que no puede perderse” (C 4,9,14).

“Amas al amigo cuando odias lo que le daña” (S 49,5). 

No te hallarás sin la amistad de tu prójimo allí donde tendrás a Dios por amigo” (S 299D,6).

“La verdadera amistad no se mide por intereses temporales, sino que se bebe por amor gratuito” (Ca 155,1,1).

“Nada manifiesta mejor al amigo como llevar la carga del amigo” (OC 71,1).

Donde hay benevolencia hay amistad” (SM 1,11,31).

Apostolado

“No seáis sabios para vosotros solos. Recibe el Espíritu. En ti debe haber una fuente, nunca un depósito, de donde se pueda dar algo, no donde se acumule. Dígase lo mismo de la alforja” (S 101,6). 

“Esparce el Evangelio; lo que concebiste en el corazón, dispérsalo con la boca. Crean los pueblos al oírte; pululen las naciones…” (S 116,7). 

“No me permite callar la caridad de Cristo, para quien deseo conquistar a todos los hombres, en cuanto depende de mi voluntad” (Ca 105,1.1).

“Anunciar para el Señor sea como vivir para el Señor” (Ca 140,29.70).

“Seguid, pues, vuestra carrera y perseverad corriendo hasta la meta; y con el ejemplo de vuestra vida y con la palabra de vuestra exhortación arrastrad en vuestra carrera a cuantos podáis” (BV 23,28).

Comunidad

“Somos, en efecto, todos a la vez y cada uno en particular, templos suyos, ya que se digna morar en la concordia de todos y en cada uno en particular” (CD 10,3,2).

Bien, tú puedes, yo no. Guardemos lo que uno y otro hemos recibido; inflamémonos en la caridad, amémonos unos a otros, y de esta forma yo amo tu fortaleza y tú soportas mi debilidad”(S 101,7).

Dado que hablamos del camino, comportémonos como si fuéramos de camino: los más ligeros, esperad a los más lentos y caminad todos a la par” (S 101,9).

En cuanto a bienes espirituales, considera tuyo lo que amas en el hermano, y él considere suyo lo que ama en ti” (S  205,2).

Las almas de muchos hombres son muchas también; pero, si se aman, son una sola alma” (TEJ 14,9).

Gran poder tiene para hacernos propicios a Dios la concordia fraterna” (TB2,13,18).

La caridad, de la cual está escrito “que no busca sus propios intereses”, se entiende de este modo: que antepone las cosas comunes a las propias, no las propias a las comunes” (R 5,2).

Confesión

“Cuando soy malo, confesarte a ti no es otra cosa que desagradarme a mí; y cuando soy piadoso, confesarte a ti no es otra cosa que no atribuirmelo a mí” (C10,2,2).

“La confesión es de dos clases: o de pecados o de alabanzas. Cuando nos va mal, confesamos en la tribulación nuestros pecados; cuando nos va bien, confesamos o tributamos alabanzas a Dios en el regocijo de la justicia. Nunca vivimos sin confesión” (CS 29,2,19).

“La confesión de tus pecados se debe a la gracia de Dios. Confiesa tu iniquidad, confiesa la gracia de Dios” (CS 66,6).

“Desdeñada la confesión, no habrá lugar para la misericordia. Si tú te haces defensor de tu pecado, ¿cómo será Dios libertador? Para que Él sea libertador, sé tú acusador” (CS 68,1,19).

“El Espíritu Santo nos amonesta y exhorta a que ofrezcamos el sacrificio de confesión a Dios. La confesión o es de alabanza a Dios o es de nuestros pecados” (CS 117,1).

“Cuando en el pecado te acusas a ti, alabas al que sin pecado te hizo a ti” (S  68,3).

Conversión

“El hombre nuevo nace del viejo, porque la regeneración espiritual se inicia con el cambio de la vida terrestre y mundana” (CS 8,10).

“El cántico nuevo es el cántico de la gracia; el cántico nuevo es el cántico del hombre nuevo; el cántico nuevo es el cántico del Nuevo Testamento” (CS 143,16).

“El temor es el comienzo de la conversión” (AJ 9,28). 

“La conversión del corazón tiene que estar polarizada hacia Dios (AJ 28,11).

“Antes de llenar el vaso con el líquido bueno hay que derramar el malo” (AFe 1,13).

“”No tardes en convertirte al Señor”. Estas palabras no son mías, pero son también mías; si las amo, son mías; amadlas, y serán vuestras”(S 339,7).

Corazón

“Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” (C 1,1,1).

“En mi corazón soy lo que soy” (C 10,3,4).

“Cuando nuestro corazón se levanta a Dios, se hace su altar” (CD 3,2).

“Cuando entras en tu aposento, entras en tu corazón. Bienaventurados los que se alegran cuando entran en su corazón y no encuentran allí nada malo” (CS 33,s.2,8).

“El frío de la caridad es el silencio del corazón, y el fuego del amor, el clamor del corazón” (CS 37,14).

“Pregunta a tu corazón; ve si posee la caridad. Si posee la caridad, posee la plenitud de la ley, y entonces ya habita Dios en ti, ya te hiciste trono de Dios” (CS 98,3).

“Volved. ¿Adónde? Al Señor. Es pronto todavía. Vuelve primero a tu corazón; como en un destierro andas errante fuera de ti. ¿Te ignoras a ti mismo y vas en busca de quien te creó?” (TEJ 18,10).

“Dame un corazón amante, y sentirá lo que digo. Dame un corazón que desee y que tenga hambre; dame un corazón que se mire como desterrado, y que tenga sed, y que suspire por la fuente de la patria eterna; dame un corazón así, y éste se dará perfecta cuenta de lo que estoy diciendo” (TEJ 26,4).

Cristo

“El que llama Padre nuestro a Dios, llama a Cristo hermano. Luego quien tiene a Dios por Padre y a Cristo por hermano, no tema en el día malo” (CS 48,1,8).

“Oyes orar al Maestro; aprende a orar; Oró para enseñarnos a orar, padeció para enseñarnos a padecer, resucitó para enseñarnos a esperar la resurrección”(CS 56,5).

“Temed al Cristo de arriba y sed benévolos con el Cristo de abajo. Tienes arriba el Cristo dadivoso, tienes abajo el Cristo menesteroso. Aquí es pobre, y está en los pobres” (S  123,4). 

“Tal es el camino: camina por la humildad para llegar a la eternidad. Dios-Cristo es la patria adonde vamos; Cristo-hombre, el camino por donde vamos” (S 123,3).

“No vamos a Cristo corriendo, sino creyendo; no se acerca uno a Cristo por el movimiento del cuerpo, sino por el afecto del corazón” (TEJ 26,3).

“Cristo el Señor se humilló para que nosotros aprendiéramos a ser humildes” (S  272A).

Deseo

“Se extiende o dilata el ánimo con el deseo de la cosa anhelada, no con la alegría de lo conseguido” (CS 39,3).

“Quien desea, aunque la lengua calle, canta con el corazón. Quien no desea, aunque hiera los oídos de los hombres con cualquier clamor, enmudece para Dios” (CS 86,1).

“No hay que aniquilar el deseo; hay que cambiar su objeto” (S 313A,2).

“Si quieres cambiar tu vida, cambia tus deseos” (S 345,7).

“El deseo es el seno del corazón. Poseeremos a Dios si dilatamos el deseo cuanto nos fuere posible”(TEJ 40,10).

“Como ahora no podéis ver, sea vuestro ejercicio el deseo. Toda la vida del hombre cristiano es un santo deseo” (TCJ 4,6).

Dios

“Gracias a Ti, dulzura mía, esperanza mía y Dios mío, gracias a Ti por tus dones; pero guárdamelos Tú para mi. Así me guardarás también a mí y se aumentarán y perfeccionarán los que me diste, y yo seré contigo, porque Tú me diste que existiera” (C 1,20,31).

“Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y me abrasé en tu paz” (C 10,27,38).

“Dios es nuestra posesión y nosotros somos posesión de Dios” (CS 36,s.1,4).

 “Vuelve, vuelve, prevaricador, al corazón; no se apreste tu alma a la lucha. Más potente que tú es Aquel a quien declaraste la guerra. Cuantas más grandes piedras lances al cielo, tanta más grande ruina se cernirá sobre ti. Entra más bien en tu corazón; conócete. Te desagrada Dios; avergüénzate; desagrádate a ti mismo. Nada bueno harías si El no fuese bueno y en nada me soportarías si El no fuese justo” (CS 70,1,14).

“Nadie logra de Dios la firmeza, sino quien en sí mismo reconoce su flaqueza” (S  76,6).

“Todo lo que Dios obra en nosotros, lo obra sabiendo lo que hace; nadie es mejor que él, nadie más sabio, nadie más poderoso” (S  293D,5).

“Dios es tu todo: si tienes hambre, es tu pan; y si tienes sed, es tu agua; y si estás en la oscuridad, es tu luz, que permanece siempre incorruptible; y si estás desnudo, será tu vestido de inmortalidad, cuando todo lo que es corruptible se vista de incorruptibilidad y lo que es mortal se vista de inmortalidad” (TEJ 13,5).

Espíritu Santo

“Este es aquel Espíritu en el que clamamos: “¡Abba, Padre!”, y, por lo mismo, Él nos hace pedir a quien deseamos recibir, Él nos hace buscar al que deseamos encontrar, Él nos hace llamar al que nos proponemos llegar” (CS 118,14,2).

“Nadie cumple la ley sino por la gracia del Espíritu Santo” (S  8,17).

“Por tanto, si queréis recibir la vida del Espíritu Santo, conservad la caridad, amad la verdad y desead la unidad para llegar a la eternidad” (S  267,4).

“No es pequeña cosa la que nos enseña el Espíritu Santo. Nos insinúa que somos peregrinos y nos enseña a suspirar por la patria, y los gemidos son esos mismos suspiros” (TEJ 6,2).

“Por tanto, si somos hijos de Dios, el Espíritu de Dios nos guía y el Espíritu de Dios actúa en nosotros” (S  335J,4).

“Así como el cuerpo de carne es sencillamente la carne, el don del Espíritu Santo es el mismo Espíritu Santo. Es don de Dios en cuanto se da a los que se da” (T 15,19,36).

Eucaristía

“Pienso en mi rescate, y lo como y bebo y distribuyo, y, pobre, deseo saciarme de él en compañía de aquellos que lo comen y son saciados” (C 10,43,70)

“Grandiosa es la mesa en la que los manjares son el mismo Señor de la mesa. Nadie se da a si mismo como manjar a los invitados; esto es lo que hace Cristo el Señor; él es quien invita, él la comida y la bebida” (S  329,1).

“Cuando nos entrega su cuerpo y su sangre, nos entrega su humildad” (CS 33,s.2,4).

“Cristo te muestra su mesa, es decir, a sí mismo. Acércate a esa mesa y sáciate. Sé pobre, y quedarás saciado” (S  332,2).

“Llamo cuerpo y sangre de Cristo… al fruto formado de la semilla terrena consagrado por la oración mística, siendo para el que lo recibe salud del alma y memorial de la pasión del Señor” (T3,4,10).

“Sacramento hecho visible por intervención de los hombres, pero santificado por la acción invisible del Espíritu Santo…” (T 3,4,10).

Felicidad

“La vida feliz es gozo de la verdad, porque este es gozo de ti, que eres la verdad” (C 10,23,33).

“La felicidad plena sólo se hallará en aquella vida donde ya nadie será siervo” (CD 4,33).

“Está ya claro cómo la satisfacción de todos los deseos es la felicidad, que no es una diosa, sino un don de Dios” (CD 5, pról.).

“No es lo mismo vivir que vivir felizmente” (C 13,4,5).

“La felicidad verdadera y segura en sumo grado la alcanzan, ante todo, los hombres de bien que honran a Dios, el único que la puede conceder” (CD 2,23,1).

“Mejor es una felicidad temporal, que una eternidad miserable”  (CD 8,16).

“Dios es fuente de nuestra felicidad y meta de nuestro apetito” (CD 10,3,2).

“Deseando todos la felicidad, muchos ignoran el modo de llegar a ella” (CS 118,1,1).

“La felicidad engañosa es la más grande desdicha” (CS 129,1).

Gracia

“Luego, si Dios obra en ti, obras bien por la gracia de Dios, no por tus fuerzas. Luego, si te alegras, teme también; no sea que lo que se dio al humilde se le quite al soberbio”(CS 65,5).

“Esta es la doctrina cristiana: nadie obra bien si no es con la gracia de Cristo. Lo que el hombre obra mal es propio de él; lo que obra bien, lo obra por la gracia de Dios” (CS 93,15).

“Ayúdame para hacer lo que ordenas y dame lo que mandas” (CS 118,12,5).

“La gracia es la que hace a los santos” (S  145,3).

“La gracia precedió a tus merecimientos. No procede la gracia del mérito, sino el mérito de la gracia. Pues si la gracia procede del mérito, la compraste, no la recibiste gratuitamente” (S  169,3).

“Tal es la gracia que gratuitamente se da, no por méritos del que obra, sino por la misericordia del que la otorga” (Ca 140,19.48).

“Si la gracia no ayuda, no podemos tener ni piedad ni justicia, ni en nuestras obras ni en nuestra voluntad” (Ca 186,1.3).

Humildad

“Yo, que no era humilde, no tenía a Jesús humilde por mi Dios, ni sabía de qué cosa pudiera ser maestra su flaqueza” (C 7,18,24).

“La humildad levanta el corazón y la soberbia lo abate” (CD 14,13,1).

“Sé humilde ante tu Dios; humilde para que seas excelso con tu Dios glorificado. Si eres rociado con el hisopo, te limpiará la humildad de Cristo” (CS 50,12).

“La flaqueza que se da en la humildad es la mayor fortaleza” (CS 92,6).

“Es en la humildad donde se cumple la justicia”(S  52,1).

“¿Buscas escaleras para subir hasta El? Busca el madero de la humildad y ya llegaste” (S 70A,2).

“A todos agrada la altura, pero la humildad es el peldaño para alcanzarla” (S  96,3).

“La humildad del hombre es su confesión, y la mayor elevación de Dios es su misericordia” (TEJ 14,5).

“Toda la humildad consiste en que te conozcas” (TEJ 25,16)

“La simulación de la humildad es la mayor soberbia” (SV 43,44).

“La humildad es la más grande de las enseñanzas cristianas, pues por la humildad se conserva la caridad, y a ella ninguna otra cosa la corrompe más pronto que la soberbia” (ECG 15).

Iglesia

“La Iglesia se mantiene en pie con la oración para ser purificada por la confesión, y mientras vive aquí, así se mantiene” (S 181,7).

“También la Iglesia, hermanos, es la posada del viajero, donde se cura a los heridos durante esta vida mortal; pero allá arriba tiene reservada la posesión de la herencia” (TEJ 41,13).

“El redil de Cristo es la Iglesia católica. Quien quiera entrar en el redil, entre por la puerta, confiese al verdadero Cristo” (TEJ 45,5).

“Yo, en verdad, no creería en el Evangelio si no me impulsase a ello la autoridad de la Iglesia católica” (RM 5).

“En medio de los paganos hay hijos de la Iglesia, y dentro de la Iglesia hay falsos cristianos” (CD 1,35).

“La casa de Dios es la Iglesia; aún contiene malos, pero la belleza de la casa de Dios reside en los buenos; se halla en los santos” (CS 25,2,12).

“En el campo del Señor, esto es, la Iglesia, a veces, lo que era trigo se hace cizaña y lo que era cizaña se convierte en trigo; y nadie sabe lo que será mañana” (S  73A,1).

“No nos retiremos de la Iglesia porque veamos que hay cizaña en ella. Únicamente hemos de esforzarnos en ser nosotros trigo” (Ca 108,3.10).

“Nadie puede tener propicio a Dios Padre si desprecia a la Iglesia madre” (S  255A).

Interioridad

“Y, amonestado de aquí a volver a mí mismo, entré en mi interior guiado por ti; y púdelo hacer porque tú te hiciste mi ayuda. Entré y vi con el ojo de mi alma, como quiera que él fuese, sobre el mismo ojo de mi alma, sobre mi mente, una luz inconmutable…” (C 7,10,16).

“Levantémonos volviendo sobre nosotros mismos como el hijo menor del Evangelio, a fin de volver a Él, de quien nos habíamos apartado por el pecado” (CD 11,28).

“A cualquier parte que vaya me sigo. Tú, hombre, puedes huir a donde quieras, pero no fuera de tu conciencia. Entra en tu casa, descansa en tu lecho, penetra en lo interior; nada más interno puedes hallar a donde huir fuera de tu conciencia, si te remuerden tus pecados” (CS 30,2,s.1,8).

“Me volveré a mí; allí encontraré lo que he de inmolar. Entraré dentro de mí; en mi encontraré la inmolación de alabanza; sea tu altar mi conciencia” (CS 49,21).

“Dentro tendré la caridad; no estará en la superficie; en lo más íntimo del corazón estará lo que amo. Nada hay más interior que nuestra medula” (CS 65,20).

“Tú que me eres más interior que mis cosas más íntimas; tú dentro, en mi corazón…” (CS 118,22,6).

“En el hombre interior habita Cristo, y en el hombre interior serás renovado según la imagen de Dios; conoce en su imagen a su Creador” (TEJ 18,10).

“No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad; y si hallares que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo, mas no olvides que, al remontarte sobre las cimas de tu ser, te elevas sobre tu alma, dotada de razón. Encamina, pues, tus pasos allí donde la luz de la razón se enciende…” (VR 39,72).

Libertad

“El albedrío de la voluntad es libre cuando no se somete a los vicios y a los pecados” (CD 14,11,1).

“No abuses, pues, de la libertad para pecar libremente, sino usa de ella para no pecar” (TEJ 41,8).

“Se acomodan a la libertad en cuanto se acomodan a la verdad” (Ca 101,2).

“La libertad vale para obrar bien, si Dios la ayuda, lo cual se realiza en la oración y en la confesión humildes” (Ca 157,2.5).

“La verdadera libertad consiste en la alegría del bien obrar, y es también piadosa servidumbre por la obediencia a la ley” (E 30,9).

“La ley de la libertad es la ley de la caridad, no la del temor” (NG 57,67).

Oración

“Gimamos ahora, roguemos ahora; el gemido es propio de los infelices; la súplica, de los indigentes. Pasará la súplica, seguirá la alabanza; pasará el llanto, seguirá el gozo” (CS 26,2,14).

“El gozo se da en el canto; el gemido, en la oración. Gime por las cosas presentes, canta por las futuras; ora sobre lo actual, canta sobre lo que esperas” (CS 29,2,16).

“Si el hombre desea tener lo que Dios le manda, ha de rogar a Dios que le dé lo que Él manda” (CS 118,4,2).

“Estas son las dos alas de la oración con las que se vuela hacia Dios: perdonar al culpable su delito y dar al necesitado” (5 205,3).

“Dios, Padre nuestro, que nos exhortas a la oración y concedes lo que se te pide, pues rogándote vivimos mejor y somos mejores: escúchame, porque voy tanteando en estas tinieblas; dame tu diestra, socórreme con tu luz y líbrame de los errores; con tu dirección entre dentro de mí para subir a ti. Así sea” (Sí 2,6,9).

“Muchas veces el afecto del que ruega supera el defecto de la oración” (TB 6,25,47).

Unidad

“La unidad de Cristo es fortísima; nadie la divida, nadie la destruya” (CS 97,3).

“Quien abandona la unidad, viola la caridad, y quien viola la caridad, tenga lo que tenga, nada es” (S  88,21).

“La unidad es la forma de cualquier hermosura” (Ca 18,2).

“Nunca deben amarse las disensiones. Pero a veces nacen de la caridad o le sirven de prueba” (Ca 210,2).

“El amor a la unidad puede encubrir la multitud de los pecados” (TB 5,2,2).

“No pueden decir que tienen caridad quienes dividen la unidad” (TEJ 7,3).

“La armonía comienza por la unidad y es bella gracias a la igualdad y a la simetría y se une por el orden” (Mu 6,17,56).

El nombre de Santa Mónica, madre de San Agustín, ha tenido históricamente un significado pagano. Sin embargo, no es correcto ya que Mónica es un nombre muy cristiano. Lo explica en este artículo el agustino recoleto Enrique Eguiarte

En ocasiones hemos visto algunas personas basadas en una falsa etimología griega del nombre de Mónica, lo hacen derivar de la palabra monos, que significa “uno”, interpretando el nombre de Mónica como “la única”, “una sola”. Otros pretenden ver en el nombre de Mónica una etimología latina, de tal forma que el nombre provendría del verbo moneo (advertir), de donde el nombre de Mónica sería interpretado como “la consejera”. No obstante es preciso señalar que el nombre de Mónica no proviene ni del griego ni del latín, sino del lenguaje de los antiguos moradores del norte de África, lenguaje que san Agustín llama genéricamente como “púnico” (s. dom. m. 2, 47).

De este modo, según S. Lancel el nombre de Mónica provendría del diminutivo de Monna, la diosa púnica de la fecundidad. Según F. Vattoni, Mónica sería la forma abreviada de Aminca, que significaría “la que pertenece a Amón”. Sea como sea, podemos ver en el nombre de Mónica una raíz púnica pagana. Cabe señalar asimismo que el nombre de Mónica era un nombre común en la época de san Agustín, ya que la epigrafía funeraria del siglo V nos ofrece una rica variedad de ejemplos de nombres que giran en torno a la misma raíz, como Monna, Monosa, Monnina.

Y ya que se trata de un nombre pagano, nos podríamos preguntar, ¿por que una mujer tan cristiana tiene un nombre tan pagano? Según S. Lacel, Tagaste había sido territorio donatista hasta el año 345, año en que por influjo de la represión de los legados imperiales Pablo y Macario el pueblo de Tagaste se habría convertido de nuevo al cristianismo católico. No obstante entre los habitantes de Tagaste habría prevalecido la costumbre donatista de ponerse nombres púnicos. En este caso podemos suponer que el nombre de Mónica se lo pusieron a la madre de san Agustín en honor de alguna mártir de las persecuciones del siglo III. No podemos olvidar que fueron muchos los mártires que el norte de África dieron testimonio de Cristo con su sangre en las persecuciones anteriormente señaladas, y que junto a las tumbas de dichos mártires (memoria) se desarrolló un culto importante, pues los mártires fueron los primeros santos de la Iglesia católica. Por ello, seguramente una mártir que formó parte de la pléyade de los mártires de los primeros tiempos del cristianismo y hoy desconocida para nootros, fue una mártir con el nombre de Mónica, en cuyo honor le pusieron a la madre de san Agustín dicho nombre. Por lo tanto, a pesar de la etimología pagana del nombre de Mónica, éste había quedado santificado por la sangre de la primera santa Mónica mártir.

Se trata de algo similar a lo que sucede en la actualidad. Muchos de los nombres cristianos tienen una procedencia pagana, pero su etimología pagana ha quedado borrada o santificada por la sangre de un mártir o la vida de un santo que llevó dicho nombre. Por tanto, el nombre de Mónica no sería sino uno de los primeros ejemplos de la cristianización de los nombres paganos, en donde los sustratos paganos quedan borrados y olvidados por su purificación por la sangre de un mártir.

Por lo tanto, una mujer tan cristiana como santa Mónica, llevaba un nombre muy cristiano, el de una mártir de los primeros siglos.

Por Enrique Eguiarte, agustino recoleto

Santa Mónica, Madre de San Agustín, nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332. De familia cristiana,  muy joven fue dada en matrimonio a un hombre llamado Patricio, del que tuvo varios hijos, entre ellos San Agustín, cuya conversión le costó muchas lágrimas y oraciones. Fue un modelo de madres; alimentó su fe con la oración y la embelleció con sus virtudes. Murió en Ostia el año 387.

 

Tomado de: aciprensa.com