El Catecismo señala que el Bautismo es “la puerta de entrada a la Iglesia”. Explicamos este sacramento de forma sencilla para los jóvenes a través del Youcat

Fue San Juan quien, en el Río Jordán, comenzó a bautizar con agua. Muchos cristianos son bautizados a los pocos meses de nacer. Por ello, el Bautismo es uno de los sacramentos que menos conocemos aunque, como parte de los siete sacramentos, es uno de los momentos más importantes de nuestra vida espiritual. ¿Saben los jóvenes católicos qué significa este sacramento? ¿Hemos pensado en nuestro propio Bautismo alguna vez?

El Catecismo de la Iglesia Católica, que pone a San Agustín como uno de los referentes en el sacramento, nos dice que “el Bautismo es el camino que lleva desde el reino de la muerte a la Vida; la puerta de entrada a la Iglesia y el comienzo de una comunión permanente con Dios”. Explicado en un lenguaje más sencillo, el Youcat, el ‘Catecismo joven de la Iglesia’, nos deja un mensaje claro: “El Bautismo es el Sacramento fundamental y la condición previa de todos los demás sacramentos”. Es decir, que sin el sacramento del Bautismo no somos nada; es esa ‘inscripción’ que realizamos para ser cristianos. “Nos une a Jesucristo, nos introduce en su muerte salvífica en la Cruz, y por ello nos libera del poder del pecado original y de todos los pecados personales y nos permite resucitar con él a una vida sin fin”, nos dice.”Puesto que el Bautismo es una alianza con Dios, el hombre debe dar su «sí» a Dios”, explica el Youcat.

Hay dos momentos claves que tienen lugar en este sacramento y nos lo explica el Catecismo. El primero de ellos, “nos convertimos en miembros del Cuerpo de Cristo (la Iglesia), en hermanos y hermanas de nuestro Salvador e hijos de Dios”. En el Bautismo pasamos a ser parte de la Iglesia. Pero además, al recibir el sacramento, “somos liberados del pecado, arrancados de la muerte y destinados desde ese instante a una vida en la alegría de los redimidos”.

¿Qué necesitamos para ser bautizados? “La única condición para el Bautismo es la fe, que debe ser confesada públicamente en la celebración del sacramento”, dice el Catecismo de la Iglesia. Solo eso nos exigen para ser cristianos y ser bautizados. Muchas veces dudamos que, si es necesaria la fe, porque nos bautizan siendo niños, cuando aun no tenemos fe. Youcat nos da la respuesta: “Lo mismo que no se puede privar al niño del amor, para que después pueda él mismo decidirse por el amor, sería una injusticia si los padres creyentes privaran a su hijo de la gracia de Dios recibida en el Bautismo. Así como todo ser humano nace con la capacidad de hablar, pero debe aprender a hablar, igualmente todo hombre nace con la capacidad de creer, pero debe aprender a conocer la fe”. Y con ello, ¿estamos privando de libertad a la persona? ¿Y si no quiere seguir nuestro camino? “Si se recibe el Bautismo de niño, hay que «ratificarlo» después personalmente a lo largo de la vida; es decir, hay que decir «sí» al Bautismo para que éste dé fruto”.

Como San Juan hizo con Jesús, hoy también nosotros somos bautizados con agua. “El agua simboliza purificación y nueva vida, lo que ya se expresaba en el Bautismo de conversión de Juan el Bautista”, dice el Youcat. El Bautismo es para el cristiano el comienzo de su “nueva vida en Cristo”.

San Agustín nos dice que este sacramento “es el sello con que el Espíritu Santo nos ha marcado”. Como menciona el Catecismo, en el Bautismo, San Agustín asegura que “se une la palabra con la materia”. El agua (la materia) es el símbolo de nuestra en la Iglesia y desde ese momento pasamos a ser discípulos de Cristo, a quien seguimos a través de la palabra.

 

La Epifanía significa, según San Agustín, la manifestación del Señor. Los Reyes humildemente acudieron a adorar al niño, que en su pequeñez fue reconocido como Dios

Epifanía es un término griego que puede traducirse por manifestación. En efecto, al manifestarse en este día, el Redentor de todos los pueblos lo hizo festivo para todos ellos. Hace pocos días celebramos su nacimiento, hoy celebramos su manifestación. Según la tradición, hoy fue adorado por los magos nuestro Señor Jesucristo, que había nacido trece días antes. Que el hecho es histórico lo atestigua el evangelio verídico; su fecha la proclama por doquier con autoridad esta solemnidad.

Aquellos magos fueron los primeros gentiles en conocer a Cristo el Señor. Sin verse sacudidos por su palabra, siguieron la estrella que se les manifestó y, cual lengua del cielo, les hablaba de manera visible de la Palabra que aún no hablaba. Por ello, pareció justo, y lo es en realidad, que los gentiles reconocieran con ánimo agradecido el día de la salvación de quienes fueron sus primicias y lo dedicaran con obsequiosa solemnidad y acción de gracias a Cristo, el Señor. A su vez, fueron primicias de los judíos en orden a la fe y revelación de Cristo los pastores que, desde las cercanías, llegaron a verlo el mismo día que nació. A aquéllos se lo anunció una estrella; a éstos, los ángeles. A éstos se les dijo: Gloria a Dios en lo alto; en aquéllos se hizo realidad el salmo: Los cielos proclaman la gloria de Dios. Unos y otros, cual primeras piedras de dos paredes con distinta dirección, la de la circuncisión y la del prepucio, se juntaron en la piedra angular, para que fuese su paz, haciendo de las dos una sola cosa.

Los pastores alabaron a Dios por haber visto a Cristo; los magos también le adoraron una vez que lo vieron. En aquéllos la gracia va por delante, en éstos la humildad es más grande. Quizá aquellos pastores, al ser menos culpables, experimentaban más vivamente el gozo de la salvación; los magos, en cambio, cargados con muchos pecados, suplicaban más humildemente el perdón. Ésta es la humildad que la divina Escritura encarece más en los venidos de la gentilidad que en los judíos. De la gentilidad procedía aquel centurión que, no obstante haber recibido al Señor en su entero corazón, se juzgó indigno de que se entrase en su casa, y no quiso que visitase a su siervo enfermo, sino que ordenase su curación. De esta manera retenía presente en su corazón a aquel cuya presencia en su casa rehusaba, aunque le honrase. Finalmente dijo el Señor: No he hallado tanta fe en Israel. Gentil era también aquella mujer cananea que, aunque oyó al Señor juzgarla como una perra que no merecía que se le echase el pan de los hijos, reclamó las migajas como si fuese tal perra. Así mereció no ser lo que reconoció ser, pues escuchó, también de boca del Señor: ¡Oh mujer!, grande es tu fe. La humildad había producido en ella una fe grande, porque se había hecho pequeña.

Así, pues, los pastores llegan a verlo desde las cercanías y los magos a adorarlo desde la lejanía. Ésta es la humildad por la que el acebuche mereció ser injertado en el olivo y dar aceitunas contra las leyes de la naturaleza. Efectivamente, por gracia mereció cambiar su naturaleza. El mundo entero se había convertido en una selva llena de amargura a causa de este acebuche, mas, injertado por la gracia, destelló por la abundancia de su aceite. Según palabras de Jeremías, llegan del extremo de la tierra diciendo: En verdad nuestros padres adoraron ficciones. Y no llegan sólo de una parte del orbe, sino, en conformidad con el evangelio de Lucas, de oriente, de occidente, del norte y del sur para sentarse a la mesa del reino de los cielos con Abrahán, Isaac y Jacob.

Así, por la gracia de la Trinidad, el orbe entero es llamado a la fe desde sus cuatro puntos. A partir de este número recibe su consagración el de los doce (cuatro por tres) apóstoles, que prefigura la salvación del mundo entero en sus cuatro partes y su llamada a la fe en la Trinidad. Número significado asimismo en aquel plato lleno de toda clase de animales que, simbolizando a todos los gentiles, le fue mostrado a Pedro. También él pendía de cuatro cuerdas y por tres veces fue bajado del cielo y vuelto a subir, para que, de la multiplicación de cuatro por tres, resultase el número doce. Quizá ésa sea la razón por la que los magos, primicias de los gentiles, llegaron a ver y a adorar a Cristo doce días después de su nacimiento y merecieron no sólo recibir la propia salvación sino también significar la de todos los gentiles.

Celebremos, pues, este día con toda devoción. Adoremos nosotros, cuando ya mora en el cielo, al que los magos, nuestras primicias, adoraron cuando yacía en una posada. Ellos veneraron en él, como en anticipo, lo que nosotros adoramos una vez realizado. Las primicias de los pueblos adoraron al que ansiaba el pecho de la madre; los pueblos adoran al que está sentado a la derecha de Dios Padre.

San Agustín, sermón 203

 

San Agustín y la Navidad: la divinidad del Mesías recién nacido

- En sus sermones, San Agustín destaca la divinidad del niño que va a nacer y resalta además la figura de María como virgen que da luz al Mesías. El agustinólogo Enrique Eguiarte explica en este artículo la doctrina de San Agustín en Navidad. Leer aquí

- El Adviento según San Agustín: “Temo a Cristo que pasa y permanece”  Leer aquí

Para que disfrutes de los días de Navidad, hemos elaborado el libro electrónico Dios viene al mundo que recoge las homilías del Papa Francisco en la solemnidad de Navidad.

Lee Dios Viene al mundo aquí

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada 16 de diciembre se inicia la Novena de Navidad y comienza la cuenta regresiva para celebrar el nacimiento de Jesucristo. Aquí las oraciones para vivir intensamente estos 9 días en familia, el trabajo, la comunidad, grupo parroquial, etc. Para acceder día por día a la Novena de Navidad, puede ingresar a:

Se recomienda rezar a la Santísima Virgen, a San José y al Niño Jesús, así como reflexionar con la meditación del día y cantar los llamados “gozos”.

 

 

Tomado de: aciprensa.com

Un sábado de 1531 a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego, iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad de México a asistir a sus clases de catecismo y a oír la Santa Misa. Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y escuchó una voz que lo llamaba por su nombre.

Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era brillante como el sol, la cual con palabras muy amables y atentas le dijo: "Juanito: el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y en Mí confíen. Ve donde el Señor Obispo y dile que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo".

De regresó a su pueblo Juan Diego se encontró de nuevo con la Virgen María y le explicó lo ocurrido. La Virgen le pidió que al día siguiente fuera nuevamente a hablar con el obispo y le repitiera el mensaje. Esta vez el obispo, luego de oir a Juan Diego le dijo que debía ir y decirle a la Señora que le diese alguna señal que probara que era la Madre de Dios y que era su voluntad que se le construyera un templo.

De regreso, Juan Diego halló a María y le narró los hechos. La Virgen le mandó que volviese al día siguiente al mismo lugar pues allí le daría la señal. Al día siguiente Juan Diego no pudo volver al cerro pues su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo. La madrugada del 12 de diciembre Juan Diego marchó a toda prisa para conseguir un sacerdote a su tío pues se estaba muriendo. Al llegar al lugar por donde debía encontrarse con la Señora prefirió tomar otro camino para evitarla. De pronto María salió a su encuentro y le preguntó a dónde iba.

El indio avergonzado le explicó lo que ocurría. La Virgen dijo a Juan Diego que no se preocupara, que su tío no moriría y que ya estaba sano. Entonces el indio le pidió la señal que debía llevar al obispo. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro donde halló rosas de Castilla frescas y poniéndose la tilma, cortó cuantas pudo y se las llevó al obispo.

Una vez ante Monseñor Zumarraga Juan Diego desplegó su manta, cayeron al suelo las rosas y en la tilma estaba pintada con lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe. Viendo esto, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio.

Pio X la proclamó como "Patrona de toda la América Latina", Pio XI de todas las "Américas", Pio XII la llamó "Emperatriz de las Américas" y Juan XXIII "La Misionera Celeste del Nuevo Mundo" y "la Madre de las Américas".

La imagen de la Virgen de Guadalupe se venera en México con grandísima devoción, y los milagros obtenidos por los que rezan a la Virgen de Guadalupe son extraordinarios.

 

Tomado de: aciprensa.com

Las dos agustinas misioneras asesinadas en Argel en 1994 fueron beatificadas en Orán junto a los 17 religiosos asesinados durante la guerra civil del país entre 1992 y 2002. “Debemos pensar en las heridas del pasado y crear una dinámica nueva de encuentro y convivencia”, dijo el Papa Francisco

El 8 de diciembre de 2018, festividad de la Inmaculada Concepción de María, será un día histórico para la familia agustiniana. Las hermanas agustinas misioneras Caridad Álvarez y Esther Paniagua, asesinadas en 1994 cuando acudían a la eucaristía en Argel, fueron beatificadas en Orán (Argelia). La Iglesia ascendió a las altares a las dos religiosas y a otros 17 religiosos asesinados durante la guerra civil argelina, entre 1992 y 2002.

Fue a las 14 horas aproximadamente cuando la emoción se desbordó en la explana de la Iglesia de Nuestra Señora de la Cruz. El cardenal Angelo Becciu, representando al Papa Francisco para oficiar la solemne eucaristía, dijo en latín: “Pierre Claverei y sus 18 compañeros, fieles mensajeros del evangelio, mensajeros de la paz, merecen que se les llame entre los bienaventurados”. Fue entonces cuando los asistentes rompieron en aplausos.

La emoción fue especial para las agustinas misioneras que estuvieron presentes en la beatificación -solo 10-. Entre ellas, Maria Jesús Rodríguez, que andaba diez metros por detrás de las hermanas cuando fueron tiroteadas. El Prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, Miguel Miró, estuvo presente en la ceremonia, acompañando a las hermanas de la familia agustiniana.

La capilla a la que acudían Cari y Esther fue cerrada días más tarde de su fallecimiento. 24 años después las agustinas misioneras volvieron a celebrar la eucaristía, recordando a las dos nuevas beatas. El Prior general presidió la íntima celebración. Al terminar, el Santísimo volvió al sagrario para que siga teniendo culto en el barrio de Bab el Oued, donde fueron asesinadas las religiosas mártires.

En la capilla donde acudían cuando fueron asesinadas se les realizó un íntimo homenaje.

En la capilla donde acudían cuando fueron asesinadas se les realizó un íntimo homenaje.

En su homilía, monseñor Becciu volvió a recordar que el diálogo es el primer eslabón de la paz y que la iglesia católica “no desea nada más que servir al pueblo argelino”. Antes, el cardenal había leído un mensaje del Papa Francisco en el que recomendó no olvidar las lecciones del pasado. “Debemos pensar en las heridas del pasado y crear una dinámica nueva de encuentro y convivencia” como seres humanos, decía el mensaje del Pontífice, que añadía: “Al recordar la muerte de estas 19 víctimas cristianas, los católicos de Argelia y el mundo quieren celebrar la fidelidad de estos mártires al proyecto de paz que Dios inspira a todos los hombres”.

“Quieren, al mismo tiempo, tomar en su oración a todos los hijos e hijas de Argelia que fueron, como ellos, víctimas de la misma violencia”, subrayó en alusión a un “decenio negro” que segó la vida de más de 300.000 personas y dejó decenas de miles de desaparecidos.

Con motivo de la Recolección agustiniana, el agustino recoleto Pablo Panedas presentó sus dos nuevos libros, editados por la Editorial Augustinus, que revelan que Pedro, Agustín y Lorenzo, tres de los mártires de Japón, eran agustinos recoletos, circunstancia desconocida hasta el momento

En 1623, apenas treinta y cinco años después del inicio de la Recolección agustiniana, llegaron a Japón los misioneros agustinos recoletos Francisco de Jesús y Vicente de San Antonio procedentes de Filipinas. Aunque la fe era duramente perseguida, los misioneros arribaron con el objetivo de expandir la Palabra de Dios. Lo hicieron ayudados por varios cristianos japoneses que actuaban de catequistas y que se encargaban de transmitirle en su idioma de forma clandestina las enseñanzas de los religiosos agustinos recoletos. Ellos eran Pedro, Agustín y Lorenzo. El grupo de cinco -los dos misioneros europeos y los tres japoneses- fueron capturados, encarcelados y martirizados.

En 1867 fueron beatificados y la Iglesia reconoció el martirio de 250 beatos, entre ellos el de cuatro agustinos recoletos -los primeros en llegar a las islas junto a Martín de San Nicolás y Melchor de San Agustín- y tres terciarios, según la Santa Sede: Pedro, Agustín y Lorenzo. No obstante, Pedro, Agustín y Lorenzo deben ser considerados también agustinos recoletos.

Así lo revelan los dos nuevos libros del agustino recoleto Pablo Panedas, que fueron presentados en la tarde del 5 de diciembre en la Parroquia Santa Rita de Madrid (España) con motivo de la festividad de la Recolección Agustiniana. ‘Letras de fuego. Epistolario de los mártires agustinos recoletos de Japón’ y ‘Pedro, Agustín, Lorenzo. Beatos, recoletos, japoneses’, publicados por la Editorial Augustinus, recogen las cartas y escritos de los mártires agustinos recoletos de Japón. Un trabajo que, según indicó Panedas en la presentación, le ha costado más de dos décadas.

El epistolario demuestra que, una vez fueron encarcelados y en vista de su inminente martirio, los dos misioneros agustinos recoletos entregaron los hábitos a Pedro, Agustín y Lorenzo. En las cartas enviadas por Francisco de Jesús y Vicente de San Antonio a sus superiores de Filipinas así lo hace constar. No obstante, hasta el siglo XIX estuvieron ocultas.

Pablo Panedas indicó que 1912, cuando la Orden de Agustinos Recoletos obtuvo el reconocimiento legal de Pío X, era el momento de sacar este hecho a la luz. No obstante, continuó ocultado desde el siglo XVII hasta 1961. “Uno de nuestros investigadores más ilustres, el padre Jenaro Fernández, intentó recuperarlas y ofrecerlas al público”, dijo. Una vez que habían sido recuperadas las epístolas, la Orden tuvo la posibilidad, dijo Panedas, de demostrar que eran religiosos con motivo de la beatificación de los otros dos mártires agustinos recoletos de Japón en 1989.

Pedro, Agustín y Lorenzo “han sido los más perjudicados por el abandono en que hemos tenidos el epistolario de sus padres espirituales. En sus cartas, Francisco de Jesús clama diciendo que los tres beatos son religiosos agustinos recoletos y nosotros no nos hemos dado por enterados, ni nosotros ni la Santa Sede, que no lo hizo constar en el breve de beatificación”, dijo.

Panedas afirmó que en Japón los misioneros agustinos recoletos eran conocidos con el término de ‘frades’, en cierto modo de forma despectiva. “A Pedro, Agustín y Lorenzo les podríamos denominar ‘kakure frades’, ‘frailes ocultos'”, indicó. Pablo Panedas concluyó la presentación de sus dos nuevos libros con el deseo de que se descubra “el corazón ardiente” de los mártires y “cambiemos nuestro corazón para sintonizar cada vez mejor con el de ellos”.

Al acto acudieron un centenar de personas, religiosos y miembros de la familia agustino recoleta. El autor fue presentado por el historiador agustino recoleto Ángel Martínez Cuesta, quien hizo una aproximación histórica del momento en el que está encuadrado el libro. El Prior general, Miguel Miró, que presidió la eucaristía solemne que precedió al acto, cerró la presentación agradeciendo a las tres desconocidas figuras de la Recolección su testimonio de santidad.

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Nos equivocaríamos si pensáramos que san Agustín celebraba el Adviento, y que cada domingo en la Basílica de Hipona se iba encendiendo una vela en la gran corona de Adviento que había sido colocada en el lugar más visible de la misma. No obstante, aunque san Agustín no celebraba litúrgicamente el tiempo del Adviento, no por eso sus obras y su pensamiento son ajenas a la idea teológica y espiritual del adviento de Cristo. De hecho san Agustín, en consonancia con lo que nos recuerda la liturgia actual en los primeros días del Adviento, nos  habla de tres “Advientos” de Cristo, de tres venidas del Señor.

En primer lugar, para san Agustín es claro que Cristo es aquel que no solo vino en la historia para salvar a los hombres, y que vendrá al final de la misma como juez, sino que también es el que continuamente viene al encuentro de todo creyente para invitarlo a aceptar la salvación que viene de Dios. De aquí la idea e imagen del Cristo que “pasa”, que camina y acompaña a la humanidad en su propia historia, y que pasa al lado de la vida y de la historia de todo hombre para invitarlo a la salvación.

Así pues, además de esa venida continua de Cristo en la economía de la salvación, hay otras dos venidas de Cristo a las que san Agustín se refiere explícitamente con la palabra latina “aduentus”, que se puede traducir como la “venida” o “advenimiento”.

La primera de estas venidas no puede ser otra que la venida histórica de Jesús en carne mortal, cuando por el misterio de la Encarnación, Cristo descendió a los hombres para rescatar al género humano del pecado y de la muerte, haciéndose hombre en las entrañas de la Virgen María:

Por tanto, como creemos en dos venidas (adventus) del Señor: en una pasada, (…) y otra futura,(…)

Existe también otra venida, otro adviento futuro de Cristo al final de los tiempos en el juicio final, en donde todas las naciones serán congregadas en su presencia, y se hará la separación de los buenos y los malos:

Por tanto, como creemos en dos venidas del Señor: en una pasada, la cual no advirtieron los judíos, y en otra futura, que unos y otros esperamos, y como ésta, que los judíos no entendieron, aprovechó a los gentiles.

Un interesante detalle es que san Agustín, a estas dos venidas de Cristo, añade un juicio que le corresponde respectivamente a cada una de ellas. De este modo, a la venida histórica de Jesús, al nacimiento de Cristo en Belén (Mt 2, 1), como comienzo de la obra de la redención, le corresponde un juicio oculto. A la venida al final de los tiempos, le asigna san Agustín un juicio manifiesto (Mt 25, 31-46).

Si alguno recapacita, observará que dos juicios se insinúan también en la Escritura: uno oculto, otro manifiesto. El oculto se lleva a cabo ahora, (…) por el cual ahora cada uno de los hombres o es atormentado para que se purifique, o es avisado para que se convierta, o, si desprecia el llamamiento y la enseñanza de Dios, se ciega para condenarse. El juicio manifiesto, al cual ha de venir el Señor a juzgar a los vivos y a los muertos, (…)

De este modo, todas las personas son ahora juzgadas en lo que llama san Agustín el juicio oculto, pues reciben algún sufrimiento como una invitación a la purificación, o bien son advertidas para que se conviertan y se dispongan a cambiar su vida antes de que llegue el  juicio final o manifiesto. De hecho, estos elementos son parte de la enseñanza y del llamado de Dios, como señala san Agustín.

Sin embargo quien se cierra en sí mismo y no puede percibir la utilidad de la purificación a la que deben llevar los sufrimientos, o bien la conversión en donde debe desembocar la advertencia (Mt 4, 17), son cegados, y se disponen a ser condenados en el juicio manifiesto, es decir, en el juicio final:

El juicio oculto es el castigo por el cual ahora cada uno de los hombres o es atormentado para que se purifique, o es avisado para que se convierta, o, si desprecia el llamamiento y la enseñanza de Dios, se ciega para condenarse.

Por todo ello, san Agustín nos invitaría a vivir toda nuestra vida como un largo Adviento, ya que vivimos entre la primera venida histórica de Cristo (su nacimiento), y la última venida al final de los tiempos. San Agustín nos invitaría a vivir con vigilancia y siendo conscientes del paso de Cristo por nuestras vidas, para poder alcanzar la salvación (Mt 24, 42).

Enrique Eguiarte, agustino recoleto

 

El agustino recoleto Pablo Panedas presentará en Madrid dos libros sobre Pedro, Agustín y Lorenzo en el marco de la celebración del día de la Recolección agustiniana. También se dará a conocer y explicará la pintura de Santiago Bellido sobre los mártires agustinos recoletos

A lo largo de los 430 años que la Recolección agustiniana cumple en 2018, han sido muchos los religiosos que han vivido de manera fiel el carisma agustino recoleto, siendo un referente como cristianos y consagrados a Cristo. Sobre Pedro, Agustín y Lorenzo, tres de los mártires agustinos recoletos de Japón, el historiador agustino recoleto Pablo Panedas ha escrito dos libros que serán presentados en Madrid este miércoles 5 de diciembre con motivo del aniversario de la Recolección. Las dos obras recogen documentos inéditos sobre la vida y martirio de los tres religiosos asesinados el 28 de octubre de 1630.

‘Letras de fuego: epistolario de los mártires agustinos recoletos de Japón’ recoge por primera vez algunas de las cartas que escribieron los meses y días antes de su muerte a golpe de catana en Nagasaki. La historia de su asesinato se cuenta de manera más breve en ‘Pedro, Agustín, Lorenzo, Beatos, Recoletos, Japoneses. Las primicias’, el segundo de los libros -editados por la Editorial Augustinus- que serán presentados el 5 de diciembre a las 19.30 hs. en la Parroquia Santa Rita de Casia, en Madrid (España).

Las dos obras de Pablo Panedas no será lo único que se de a conocer el próximo miércoles. Durante el evento se presentará el cuadro del pintor Santiago Bellido sobre Pedro, Agustín y Lorenzo. En óleo sobre lienzo, la pintura muestra a los beatos agustinos recoletos en el centro mientras varios personajes lloran o ríen ante su martirio.

Además del escritor, en el acto intervendrán el historiador agustino recoleto Ángel Martínez Cuesta y el Prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, Miguel Miró, que presidirá la eucaristía con motivo de la festividad del 5 de diciembre en la Parroquia Santa Rita.

La historia de tres mártires

Los mártires del Japón beatificados en 1867, hace más de 150 años, formaban todo un batallón de 205 personas de diversa raza y condición. En él confluían personajes de distintas órdenes religiosas que habían sufrido martirio durante los primeros 30 años del siglo XVII. El grupo de agustinos recoletos martirizados era encabezado los misioneros europeos Francisco de Jesús, que era el superior, y Vicente de San Antonio, portugués. Pero, junto con ellos, fueron también beatificados otros tres agustinos recoletos japoneses, a los que Francisco de Jesús había admitido a la profesión: Kaida Hachizo, que en religión se llamará Lorenzo de San Nicolás; Yukimoto Ichizaemon, que será Agustín de Jesús María; y Sawaguchi Kuhioe, o Pedro de la Madre de Dios.

Éstos son dojukus o catequizados de Francisco y Vicente. Son tres jóvenes de cierta cultura, especialmente preparados para transmitir el Evangelio y las verdades de la fe. Los sacerdotes, extranjeros, administraban los sacramentos; los dojukus, que dominan la lengua, se encargan de la predicación y la catequesis.

Lorenzo, Agustín y Pedro fueron detenidos junto con Francisco y Vicente. Y sufrieron 10 meses de durísima prisión, pero no con ellos. Mientras los misioneros fueron trasladados enseguida a la cárcel de Omura, sus dojukus–junto con otros- permanecieron en la de Nagasaki, a unos 30 km. Y en Nagasaki serán ejecutados a golpe de catana el día 28 de octubre de 1630, dos años antes que sus padres espirituales, que se llenaron de júbilo al recibir la noticia.

 

El 22 de noviembre se celebró el DÍA DEL MÚSICO. ¡Felicidades a nuestros ministerios de música y canto!. Que Santa Cecilia, virgen y mártir acompañe su canto para que amen a Cristo como ella. “¿Qué tiene de peculiar el cántico nuevo sino un nuevo amor? Cantar es propio del que ama. La voz de este cantor es el fervor del santo amor”. San Agustín, S 336,1.