La vocación de la pastoral vocacional se entiende ahora como un servicio de animación de “todas las vocaciones”. Se trata de velar para que quede claro que “todos tenemos vocación” y de esforzarse en presentar las diversas vocaciones como caminos de felicidad. De hecho, en la Iglesia no todos peregrinamos por el mismo camino, pero todos estamos llamados a caminar hacia la santidad. Lo cuenta en este artículo el agustino recoleto Fabián Martín

Hagamos un viaje a lo que podríamos denominar “el fogón del hogar”, a la cocina. La cocina es lugar de laboriosidad y de los detalles que expresan afecto y preparan la delicia del encuentro. De la cocina se expande el calor del hogar, en un sentido literal y en un sentido metafórico. Ahí en la calidez de la cocina y en la cordialidad de las relaciones, encontraremos dos instrumentos de trabajo que nos ayudarán a adentrarnos en una propuesta de pastoral vocacional amplia, abierta a todas las vocaciones. Estoy hablando, según contextos y culturas, del cedazo o colador o garbillo, y del embudo.

El cedazo, colador o garbillo es un instrumento muy útil para separar elementos que vienen mezclados. Su funcionamiento es muy sencillo y práctico, pues se coloca esos mismos elementos en el cedazo, coladero o garbillo, se remueve y van pasando por los orificios los elementos más pequeños que, al fin de cuentas, son los que normalmente interesa aislar. Los elementos más grandes que no consiguen pasar por los agujeros se quedan contenidos en la superficie del instrumento en cuestión. Por lo tanto, a través del cedazo, colador o garbillo se consigue separar el elemento que interesa para emplearlo como ingrediente. El embudo, en cambio, es un instrumento útil para verter líquidos de un recipiente a otro con una abertura normalmente más pequeña, evitando que se derrame.

Pues bien, en la pastoral vocacional se ha empleado durante muchos años la modalidad de cedazo, colador o garbillo. Me explico. Ante la diversidad de grupos, normalmente de niños, adolescentes y jóvenes, se empelaban medios e instrumentos para identificar aquellos que pudieran ser más cercanos o afines a una propuesta vocacional específica ya fuera para la vida religiosa o para la vida sacerdotal. Una vez identificadas las personas que tenían tal inquietud específica, se comenzaba a trabajar con ellas. Así, se invertía tiempo, recursos y esfuerzo de acompañamiento con quienes se consideraba que posiblemente ingresarían en el seminario o en la casa de formación.

No obstante, surgía la pregunta: “¿y los demás qué…?” Esta modalidad de pastoral vocacional, que fue una práctica habitual en la promoción vocacional, con el tiempo manifestó su límite. Cuando se hablaba de “vocación” se asocia el discurso inmediatamente a las vocaciones específicas, sobre todo a la vocación religiosa y a la vocación sacerdotal. Y a los que no les interesaba ni una ni la otra, desconectaban. En la nueva modalidad de la promoción de las vocaciones, los animadores vocacionales a menudo se topan con la indisposición a escuchar cualquier presentación referida a la vocación, pues la relacionan a que se les va a intentar convencer de que los chicos se vayan al seminario y las chicas, al convento. Lo cual no es así; o al menos no debiera ser así…

El esfuerzo de crear una “cultura vocacional” tiene que ver, desde mi punto de vista, con la utilidad del embudo. Me explico. Por cultura vocacional entendemos el ambiente favorable que necesita una persona para acoge con gratitud la vida, vivir el don de la fe y llegar a responder a la llamada personal que Dios le dirige. De este modo, a través de una respuesta libre y valiente a la llamada, la persona puede vivir el seguimiento de Cristo y descubrir dónde Dios la quiere y sueña, y cuál es su misión en este mundo.

Es fundamental pues, ese ambiente favorable que dinamice la búsqueda. Tal ambiente ha de estar caracterizado por la vivencia de la gratuidad, la apertura a lo trascendente, la disponibilidad, la confianza en sí mismo y en el prójimo, el afecto, la comprensión, el perdón, la responsabilidad, la capacidad de soñar, el asombro y la generosidad. Y respecto a crear este ambiente es donde considero que podríamos valernos de la imagen del embudo. En la animación de las vocaciones es necesario ensanchar lo más posible el horizonte a través del cual abrimos espacios de encuentro interpersonales que permita una vivencia real de estos valores. Lo cual hay que procurar a través experiencias concretas que calen en lo profundo de la conciencia de las personas, sobre todo de las nuevas generaciones.

Se trata, creo yo, de ampliar lo más posible espacios de encuentro, es decir, llegar a todos, siempre y en todo lugar, para ofrecerles un cause de búsqueda que, para los amigos y discípulos de Jesucristo, consiste en propiciar un encuentro vivo y sentido con Cristo. Pareciera que la estrechez del embudo puede amenazar la amplitud de la libertad. Sin embargo, se trata de canalizar y concentrar la vida y todo su potencial en un encuentro que le da una orientación decisiva. Y es precisamente en ese encuentro con Cristo que se abren las opciones, los caminos, la belleza de las distintas vocaciones.

La animación vocacional no consiste pues, en usar “el colador, cedazo o garbillo”, para aislar los elementos que nos interesan según nuestros propósitos u objetivos institucionales. Se trata, por el contrario de dar cause -el propio del evangelio- a la cultura de nuestro tiempo para que encuentre en Cristo el despliegue de todos sus posibilidades. Más en concreto. Se trata de ensanchar lo más posible el horizonte de encuentro con todas personas para ofrecerles un encuentro concreto con Cristo, para que él les dé a conocer la infinita medida de su amor y el camino concreto para hacerlo vida. Así pues, los animadores vocacionales son servidores de un encuentro que, más tarde o más temprano, desemboca en opciones y decisiones.

Por tanto, la pastoral de animación de la vocaciones es servidora del encuentro con Cristo, aunque desde la perspectiva del seguimiento. Y para quien se encuentra con Cristo y se determina a seguirlo es importante que conozca y reconozca la variedad de caminos en los cuales se le puede seguir; para que descubra el que Cristo le ilumina a él. El animador vocacional se hace compañero de camino de esta iluminación. Su vocación es la de sostener lo accidentado que a veces resulta dar con la concreción de esa intuición irrenunciable que se ha encendido en el interior y seduce hasta el infinito el corazón. El animador vocacional abre espacios para ayudar a reconocer la belleza, la amplitud y el encanto de la propia vocación desde el encuentro con Cristo.

Fabián Martín OAR

#UnaPalabraAmiga

 

La pastoral vocacional es una dimensión de la evangelización destinada a llegar a todas las pastorales. Hay un aspecto de transversalidad de la pastoral vocacional, es decir, pastoral que empapa todas las pastorales -juvenil, educativa, familia, de la salud, catequesis, litúrgica, etc.- de la dimensión vocacional. Sobre esto reflexiona en este artículo el agustino recoleto Fabián Martín

El cineasta Christopher Nolan dirigió en el 2010 la película de ciencia ficción y acción “El Origen” (Inception en inglés), que refiere un viaje por el universo íntimo de los sueños. El protagonista Dom Cobb -Leonardo DiCaprio- es un ladrón hábil especializado en el arte de la extracción, es decir, en el robo de secretos valiosos desde las profundidades del subconsciente durante el estado de sueño, cuando la mente está más vulnerable.

Esta habilidad excepcional de Cobb le ha hecho un elemento codiciado en el traicionero mundo del espionaje corporativo, pero al mismo tiempo, le ha convertido en un fugitivo internacional y ha tenido que sacrificar lo que le más le importaba. Ahora se le ofrece a Cobb una oportunidad para redimirse. Con un último trabajo podría recuperar su vida anterior, pero tendrá que lograr lo imposible. En vez de llevar a cabo la extracción de un secreto, Cobb y su equipo de especialistas tienen que introducir una idea en la mente de un rico empresario que le haga cambiar el rumbo de su empresa.

Y me preguntarás, ¿y esto qué tiene que ver con la animación de las vocaciones? Pues, yo creo que mucho. Me explico. El servicio de la animación vocacional busca llegar a cada rincón de la comunidad cristiana -grupos, ministerios, equipos, a cada creyente- así como el equipo de Cobb buscaba llegar al fondo del subconsciente del empresario. En este viaje al universo de los sueños, el “roba-secretos” pretende ahora introducir una idea fuerte capaz de generar nuevas decisiones en la vida del empresario.

La pastoral vocacional se desplaza a cada rincón de la comunidad cristiana para despertar a la presencia de una realidad, un acontecimiento, una Persona, Cristo mismo, que continuamente dice “llámenlo”. Los animadores vocacionales hacen de altavoces para pregonar con fuerzas: “¡Ánimo! Levántate, porque él te llama” (Mc 10,49).

En el anuncio del evangelio -evangelización- se busca llegar al corazón de cada creyente para servir-propiciar un encuentro vivo con Cristo y su Palabra. En el servicio de la pastoral vocacional se procura llegar a todas las pastorales para hacerles comprender las consecuencias que para la vida se derivan de tal encuentro. Pues, de hecho, toda vida cristiana desemboca en diversas opciones que comportan un estilo de vida en el seguimiento de Cristo: vida laical comprometida, vida religiosa, sacerdocio…

En este sentido, la pastoral vocacional constituye una dimensión importante de la evangelización destinada a introducir en todas las pastorales este idea u objetivo: que cada creyente llegue a responder a la llamada personal que Dios le dirige, y viva en ella y, a través de ella, el seguimiento de Cristo.

Al servicio de la pastoral vocacional muchas veces se le ha reprochado el pretender llegar a las conciencias y, mediante un lavado de cerebro, convencer de algo que quizá no se gestaría en la mente de la persona de acuerdo con su desarrollo natural. Cabe decir que posiblemente haya habido sus excesos en este aspecto. Si ha sido así, mil disculpas…

No obstante, recordemos también que la vida cristiana constituye, de por sí, el germen de una vida nueva que busca irse abriendo paso hasta llegar a su máxima expresión en el seguimiento de Jesucristo; somos cristianos para llegar a serlo del todo a la medida de la plenitud en Cristo. Y esto es lo que, en definitiva, procura facilitar el servicio de la pastoral vocacional, a través de la presentación de las diversas formas de vida cristiana en las que ir alcanzando altura, anchura y profundidad.

Y no tengo reparo en decir que el Espíritu Santo sí que introduce una idea origen que genera grandes transformaciones en la vida de una persona y en su entorno. Pero no lo hace cuando la persona está dormida, ni adentrándose en la profundidad del subconsciente, sino cuando la persona está despierta para la vida y para lo mejor de sí misma.

El Espíritu Santo no viaja tanto al fondo del subconsciente con una propuesta para descubrir a la persona el modo de vivir la vida a tope, sino que llega, ante todo, al fondo del corazón donde la hace probar la fascinación del proyecto de Cristo. Después de todo, esto de la vocación es y será siempre un asunto del corazón, un acto de amor correspondido entre la persona y Dios.

En este sentido, los equipos de animación de las vocaciones en la comunidad cristiana vienen a ser el apoyo necesario para que todos los que se determinan por seguir a Cristo vayan descubriendo, en concreto, dónde Dios los quiere y sueña para que den lo mejor de sí mismos. Así, la animación de las vocaciones acompaña el proceso de evangelización, haciendo el esfuerzo de llegar a todas las pastorales, grupos, ministerios y equipos con un anuncio explícito de la vocación fundamental -la ser hijo de Dios- y de las vocaciones o caminos diversos para vivir en concreto la plenitud de esta condición de discípulos misioneras, a saber, la vida laical en general, la vida religiosa, la vida sacerdotal…

Fabián Martín OAR

#UnaPalabraAmiga

El domingo 17 de marzo, los jóvenes agustinianos de nuestros colegios y parroquias, tuvieron un ENCUENTRO ESPIRITUAL, en el Agustiniano Norte, coordinado por Fray Andrés Aguilera Romero, promotor vocacional zonal en Bogotá. El evento fue todo un éxito gracias a la asistencia de 74 jovenes los cuales participaron de diferentes juegos y pruebas con dificultades siempre concluyendo con alguna enseñanza, aplicación, reflexión y aprendizaje. ¡Buen trabajo vocacional!

 

ENCUENTRO ESPIRITUAL 2

 

ENCUENTRO ESPIRITUAL 3

 

ENCUENTRO ESPIRITUAL 4

 

 

El agustino recoleto Fabián Martín reflexiona en este artículo sobre los pasos que debe dar el promotor vocacional en su labor de acompañamiento

Los animadores vocacionales somos servidores de un encuentro con Cristo y caminamos siempre en la Iglesia y con la Iglesia. Es pues urgente abrirnos a la conciencia de ser animadores de las vocaciones que siente y caminan con toda la Iglesia, la comunidad de los ‘con-vocados’.

Existe una canción del grupo Kairoi que me marcó mucho en mi juventud y que se titula “comenzar nunca es fácil”. Transcribo la estrofa del coro: “Comenzar nunca es fácil sabéis, lo importante es querer caminar y forjar día a día los sueños. Vuestra voz, nuestra voz se unirá; vuestra voz, nuestra voz se unirán”. Ahora tengo 37 años de edad, casi 15 de fraile y 10 de sacerdote, y sigo escuchando esta canción con mucho gusto. Por lo cual, me apoyaré en esta letra para ponerle música a una breve reflexión sobre la animación vocacional. Pero antes, permítaseme situarnos en contexto.

Cuando comencé a dar mis primeros pasos en la pastoral, para ser específicos, en la pastoral juvenil y vocacional, se me pidió que ya que venía recientemente de la universidad y tenía frescos los conocimientos, hiciera una propuesta breve de por dónde creía yo que debía caminar la pastoral vocacional. En una tarde nublada de otoño del 2011 me senté delante de la computadora y comencé a darle forma a una propuesta a modo de decálogo que, desde mi punto de vista, podría suponer un relanzamiento de la pastoral vocacional.

El día de la reunión tras haber planteado el plan de trabajo de la jornada y haber comentado algunos ajustes en la organización general, se me concedió la palabra. Era mi primer intervención en un equipo de trabajo después de haber salido de la casa de formación y de los estudios de especialización, por lo cual creía importante cuidar los detalles y abrir nuevos horizontes con propuestas novedosas. Entusiasmado comencé a hablar. A la hora de retroalimentar mi propuesta buscando una reacción en las miradas de mis hermanos, comencé a experimentar en ellos desinterés y aburrimiento.

Una vez terminada la presentación, dos de los participantes comentaron con realismo, franqueza y cierta crueldad: “más de lo mismo”, “eso ya está dicho”, “no nos descubres el mundo…”. A mí me cayeron aquellas palabras como un balde de agua fría. A raíz de esa experiencia que para mí fue aparentemente negativa, me propuse leer todo lo que estuviera a mi alcance sobre pastoral vocacional. Sentía el reclamo interior de comprobar si era o no verdad lo que habían dicho mis hermanos y compañeros de trabajo que contaban ya con muchos años de experiencia de campo.

Lo primero que hice fue leer todos los documentos del caminar de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II (1962-1965) hasta el momento presente. Aquellos días fueron muy fecundos, pues puede rastrear el camino progresivo de la Iglesia en la reflexión, la pedagogía y la praxis de la pastoral vocacional. A continuación me topé con libros, artículos, revistas…, y se fue ampliando mi comprensión y visión de las cosas. Entre más leía y tenía delante de mí lo que se había trabajado en torno a la animación de las vocaciones más me quedaba maravillado y me decía a mí mismo “cómo no conocí todo esto antes”.

Curiosamente en las sucesivas reuniones de trabajo aprendí que era un inexperto y un novato en el campo y que mi situación era de aprendiz, sobre todo de la experiencia de quienes ya llevaban muchos años bregando y dejándose la piel en el campo de las vocaciones. Únicamente descubrí un detalle sobre la pastoral vocacional que creía que se sabía muy bien en la teoría pero que en la práctica no se había hecho nada, al menos en el contexto donde yo me encontraba. Se trataba de la importancia de incorporarse a los equipos diocesanos de pastoral vocacional de las diócesis donde tenemos comunidades agustino recoletas.

Por iniciativa propia llamé a las puertas de la diócesis. Al principio me dieron largas…, hasta que al final el delegado de vocaciones de la diócesis me concedió una entrevista. Una vez más fue para mí una sorpresa conocer el enorme trabajo que se hacía en aquella diócesis por la animación de las vocaciones. Existía un equipo vocacional bien constituido, formado y organizado, compuesto por sacerdotes diocesanos, laicos comprometidos y muchas religiosas. Así es de que la propuesta de contar con un religioso más fue bien acogida. Años aquellos de compartir, aprender, crecer juntos y hacer camino como Iglesia.

Hace un par de meses del presente año 2018 un una reunión de equipos de animación vocacional viví una experiencia que por dentro me dio mucha gracia. La cuento brevemente. Recientemente se incorporaron nuevos hermanos religiosos al trabajo de la pastoral vocacional donde ahora me encuentro, venidos desde diferentes contextos y circunstancias. Mientras comentábamos asuntos varios, los había quienes con todo el entusiasmo del mundo proponían lo que debíamos hacer para sacar la animación de la vocaciones de su continua crisis. Me acordé mucho de aquellas frases “pero si eso ya está dicho”. Aunque en este caso solo lo pensé…

Ahora vuelvo a la canción del inicio. Dice el estribillo del coro: “comenzar nunca es fácil, sabéis…”. Estoy de acuerdo en que comenzar nunca es fácil. Pero lo terrible es creer que se comienza de cero. Y lo verdaderamente dramático es estar convencido de que te toca a ti, de entrada, hacer la diferencia sin conocer y comprender lo que se había venido haciendo. En el campo de la animación de la vocaciones “lo importante es querer caminar”. Se trata de un servicio a la evangelización delicado y maravilloso “ayudar día a día a forjar los sueños”. Esto es, acompañar para que otros descubran dónde Dios los quiere y dónde Dios los sueña para que, dando lo mejor de sí mismos, sean plenos, lleguen a ser felices…

Aunque lo digo claramente, para mí lo más importante es aquello de “vuestra voz, nuestra voz, se unirán; sí, vuestra voz, nuestra voz se unirán”. En la animación de las vocaciones hacemos camino con la Iglesia, como Iglesia y para servir a la Iglesia, Pueblo de Dios, comunidad de los bautizados. La voz de Dios puede y ha de ser escuchada a través de su Palabra. Y la Palabra de Dios se hace vida, se encarna, se traduce como estilo de vida en los acontecimientos y avatares de la historia, la cultura que la concreta y las personas que la viven y transmiten. Para mí esta es ahora una certeza irrenunciable: solo encontrándonos, escuchándonos y contándonos los diversos relatos de seguimiento de Jesucristo en las diversas formas y caminos de vida cristiana, lograremos dar con una respuesta al desafío de seguir animando las vocaciones en la comunidad cristiana.

Por lo tanto, termino diciendo que más que una necesidad, es una urgencia abrirnos a la conciencia de ser animadores vocacionales que siente y caminan con toda la Iglesia, la comunidad de los ‘con-vocados’ a vivir y celebrar la fe. Sí, fuera de la Iglesia no hay una pastoral vocacional seria, a la altura de las exigencias del momento histórico y cultural, que sea capaz de responder al llamado del Espíritu de animar las vocaciones en la comunidad cristiana. Definitivamente: CON LA IGLESIA.

Fabián Martín OAR

#UnaPalabraAmiga

En la cruz, como en la vida, Jesús pierde para ganar. Sobre este asunto habla el agustino recoletos Miguel Ángel Ciaurriz en este artículo

Para este segundo día de la andadura cuaresmal, Jesús nos hace una propuesta que a cualquiera le pone a dudar. Nos cuesta entender y aceptar que para ganar hay primero que perder.

Bueno, esto lo saben bien los que se dedican a hacer dinero, a obtener ganancias invirtiendo en negocios que saben que toman un tiempo en obtener beneficios y hacer caja. Con todo, estas pérdidas iniciales, afortunadamente no siempre, a veces condicionan el empeño y no dan buen resultado los resultados esperados y apetecidos. No son pocos, de hecho, los emprendedores que han fracasado no pudiendo obtener réditos de sus inversiones y finalmente desistieron.

El pasaje del evangelio de Lucas que se lee en este jueves después de la “ceniza” nos hace caer en la cuenta de que la cruz contiene toda una sabiduría que nosotros necesitamos descubrirla y aprenderla para que las piezas de nuestro puzle encajen.

Entiende Jesús que su destino es la cruz, el sufrimiento que le van a causar los que están contra él, que no son pocos, y, además, son muy poderosos, tanto que pueden decidir sobre su vida.

Pero tiene la firme convicción de que la cruz, su muerte, ni es lo último, ni tiene la última palabra. La última palabra la tiene la vida. Por eso dice que perder la vida por seguir sus pasos es ganarla.

En definitiva, perder así la vida es la mejor inversión para un creyente. De nada sirve ganar el mundo y permanecer egoístamente encerrados en nosotros mismos, ajenos a los demás; eso no es ganar, eso es perder definitivamente hasta la esperanza. Ganar es darse, perder en beneficio de los demás las cosas a las que estamos aferramos.

Pensemos en los jóvenes, por ejemplo. Ellos deben hacer una atrevida, audaz y valiente inversión, una inversión sin marcarse los tiempos para obtener beneficios. Y debe asumir los riesgos para perder, sin miedo, por el camino lo que le impide avanzar. Acabará, acabaremos todos ganando, si por el camino vamos perdiendo aquello que nos impide seguir a Jesús. El precio al que apunta el Galileo es la renuncia de cada quien a sí mismo, tomar la cruz de la que quisiéramos librarnos y, con ella a cuestas, seguirlo por el camino de nuestro particular viacrucis.

Estas pérdidas, que a lo largo de esta cuarentena de días dejaremos como lastre por el camino que nos debe conducir a la Pascua, nos darán la victoria, que no es otra que la vida nueva del resucitado alojada en cada uno de nosotros. Así nuestra cuaresma terminará en pascua.

Miguel Ángel Ciaurriz OAR

#UnaPalabraAmiga

 

 

Fray Lucas Ortiz De La Rosa, junto a Fray Ángel Jahir Córdoba García, coordinaron la Convivencia vocacional en Totonicapán. Contando con la participación de 8 jóvenes. ¡Bendito sea Dios!

 

 

El Secretariado de Vocaciones y Juventud ha estrenado una nueva imagen para su labor vocacional durante 2019. Está en consonancia con el lema pastoral para estos meses: “Una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios”

La pastoral vocacional de los Agustinos Recoletos tiene una imagen para 2019. El Secretariado general de Vocaciones y Juventud ha propuesto un nuevo logo para la labor pastoral y vocacional para este año. La nueva imagen expresa gráficamente la frase Una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios, lema pastoral para 2019.

Corazón agustiniano fragmentado: el corazón y la llama representan a toda la familia agustino recoleta alrededor del mundo. Cada fragmento nos habla de la diversidad de personas y características que componen dicha familia, todas en unión forman una sola alma y un solo corazón.     

Colores: Los cuatro colores (verde, azul, rojo y amarillo) representan la presencia agustino recoleta en los cuatro continentes y las cuatro provincias que la componen. Los colores se entremezclan entre sí representando la unidad en la diversidad de culturas.

Personas: En la parte inferior del corazón se encuentran dos siluetas de personas con los brazos abiertos. Ellas representan el componente humano (frailes, laicos, jóvenes, etc) que trabajan por vivir el carisma agustino recoleto y se abren a la presencia de Dios en sus vidas.

Cruz y corazón: en el centro del corazón se halla una cruz con el corazón en el centro que representa a Dios. En él ambos símbolos representan una realidad divina, el amor de Dios representado en el corazón y su entrega a cada persona simbolizada en la cruz. Dicha cruz se ubica en el centro del corazón fragmentado expresando que Dios es el centro vital de la vida del cristiano, así como el lugar donde confluyen todos los demás elementos en representación de la frase dirigidos hacia Dios.

Lema: En el lema Una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios bordeando el corazón se destacan las palabras alma, corazón y Dios bajo una misma fuente, representando el vínculo que existe entre dichas realidades trascendentales del hombre.

 

 

Ayer jueves 21 de febrero, en la Curia Provincial, se reunieron los promotores vocacionales zonales de la Provincia, los Frailes: Fredy Bedoya Betancur, Jaime Mouthon Cuesta, Héctor Fabio Murillo Ramírez y Andrés Aguilera Romero, coordinados por el prior provincial, Fray Albeiro Arenas Molina y Fray Valerio Baines Sanz, presidente del Secretariado de Vocaciones y Juventud. ¡Buen trabajo en pro de nuestras vocaciones!

 

 

 
 

Freddy Daza realizó el pasado domingo la profesión solemne de sus votos. Venezolano, dio su sí definitivo a Cristo reafirmando su deseo de seguirle. “Creo que Dios llama a cada uno en su propia realidad”, dice

El 10 de febrero de 2019 será recordado siempre por Freddy H. Daza. Fue en esta jornada, en el Convento Nuestra Señora del Buen Consejo de Monachil (Granada), cuando realizó la profesión solemne de sus votos como agustino recoleto. Rodeado de otros religiosos, jóvenes en formación y laicos de la Fraternidad Seglar, Freddy -venezolano- dijo sí a Cristo, reafirmándose en su deseo de seguirlo.

Como es habitual, se postró tumbado en el suelo con los brazos en cruz frente al altar antes de decir la fórmula de la profesión y firmar el acta. ¿Qué sintió en ese momento frente al altar? “He vivido este día con gran emoción”, dice. La celebración del domingo ha sido, según explica, “el final de un largo recorrido en el que, junto a los hermanos, he ido profundizando en el carisma agustino recoleto y he dado hoy el sí definitivo para entregarme a esta familia y en ella a la Iglesia”.

Freddy conoció la Orden de Agustinos Recoletos en un encuentro de pastoral juvenil. “Me hablaron del carisma, de todo lo que es ser agustino recoleto y esto me cautivó”, recuerda. Concretamente hubo algo del carisma que le llamó la atención: “Lo fundamental, que es la vida en comunidad”. A partir de ese momento decidió ingresar como agustino recoleto y comenzar el proceso vocacional. “Cada día más me afianzaba y me entrega mucho más a este carisma”.

 
 
 Este joven venezolano entiende que “ser agustino recoleto es más que un carisma; una vida”. Freddy resume la vocación agustino recoleta como “entregarse a una comunidad de hermanos al servicio de la misma comunidad y de la Iglesia”. Es así como un agustino recoleto “da gloria a Dios”. “Este carisma no solamente te completa o te llena a través del apoyo de los hermanos; con todo ello construyes la Iglesia y así juntos se edifica juntos el Reino de Dios”, responde.

Venezuela estuvo presente en la profesión solemne. Antes de concluir se rezó a la Virgen de Coromoto por la situación del país. El joven agustino recoleto tuvo muy presente en la celebración a familia y a su país. “Yo creo que Dios llama a cada una de las personas desde su contexto, desde su propia realidad; es ahí donde, sin importar su raza, su color, sus perspectivas de futuro hace este milagro y va, como dice San Agustín, convirtiéndolo”.

Fray Ángel Jahir Córdoba García, continua con su labor vocacional, en la parroquia Santa María Goretti, Guatemala. ¡Buenos frutos!