El cardenal agustino recoleto recibió de manos del presidente del Panamá, Juan Carlos Varela, el máximo reconocimiento del país por su labor social y religiosa, especialmente con la celebración de la JMJ

El cardenal agustino recoleto José Luis Lacunza fue condecorado el pasado viernes con la orden Vasco Núñez de Balboa, en Grado de Gran Cruz. El presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, entregó el máximo reconocimiento del país al obispo de David y al obispo de Panamá, el agustino Mons. José Domingo Ulloa, en un sencillo acto en el palacio presidencial de las garzas.

Panamá homenajeo de esta forma a los dos obispos de la familia agustiniana por su labor en el ámbito social y religioso. Ente otras cosas, ambos han sido figuras importantes en la organización de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que tuvo lugar el pasado mes de enero en Panamá. Además de esto, Lacunza y Ulloa son dos referentes para la Iglesia y la sociedad panameña.

Así lo indicó el presidente Varela tras hacer entrega a los dos sacerdotes de este reconocimiento «en nombre del Gobierno de la República y del pueblo panameño». «Hoy distinguimos con la condecoración Vasco Núñez de Balboa a dos extraordinarios sacerdotes y misioneros por su valioso servicio al país y por sus aportes a la Nación en el campo social, religioso, humanitario y por sus reconocidas trayectorias públicas al servicio de la comunidad y el progreso de nuestro país», dijo el presidente panameño.

El cardenal Lacunza aseguró que la condecoración refrenda que toda su labor ha sido en beneficio de Panamá y renueva su compromiso por seguir haciendo lo mejor para el país, según recoge el diario La Prensa.

La orden Vasco Núñez de Balboa que ha recibido Mons. José Luis Lacunza fue entregada anteriormente a la Orden de Agustinos Recoletos y al agustino recoleto Benjamin Ayechu, fundador del Colegio San Agustín y la Universidad Católica San María la Antigua (USMA).

 

San Agustín, en su Sermón 261 de la Ascensión del Señor, pide ascender el corazón con Jesús. Levantar el corazón como gesto de lealtad y fe hacia Dios. Es ahí, en el corazón de cada uno, donde asciende Jesús y cada cristiano

La resurrección del Señor es nuestra esperanza; su ascensión, nuestra glorificación. Hoy celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor. Si, pues, celebramos como es debido, fiel, devota, santa y piadosamente, la ascensión del Señor, ascendamos con él y tengamos nuestro corazón levantado. Ascendamos, pero no seamos presa del orgullo. Debemos tener levantado el corazón, pero hacia el Señor. Tener el corazón levantado, pero no hacia el Señor, se llama orgullo; tener el corazón levantado hacia el Señor se llama refugio, pues al que ha ascendido es a quien decimos: Señor, te has convertido en nuestro refugio. Resucitó, en efecto, para darnos la esperanza de que resucitará lo que muere, para que la muerte no nos deje sin esperanza y lleguemos a pensar que nuestra vida entera concluye con la muerte. Nos preocupaba el alma y él, al resucitar, nos dio seguridad incluso respecto al cuerpo. ¿Quién ascendió entonces? El que descendió. Descendió para sanarte, subió para elevarte. Si te levantas tú, vuelves a caer; si te levanta él, permaneces en pie. Por tanto, Levantar el corazón pero hacia el Señor, he aquí el refugio; levantar el corazón, pero no hacia el Señor: he aquí el orgullo. Digámosle, pues, en cuanto resucitado: Porque tú eres, Señor, mi esperanza; en cuanto ascendido: Has puesto muy alto tu refugio. ¿Cómo podemos ser orgullosos teniendo el corazón levantado hacia quien se hizo humilde por nosotros para que no continuásemos siendo orgullosos?

Cristo es Dios; lo es siempre. Nunca dejará de serlo, porque nunca comenzó a serlo. Si su gracia puede hacer que no tenga fin algo que tiene comienzo, ¿cómo va a tener fin él, que nunca tuvo comienzo? ¿Qué ha tenido comienzo y no tendrá fin? Nuestra inmortalidad tendrá comienzo, pero carecerá de fin. En efecto, no poseemos ya lo que, una vez que comencemos a poseerlo, nunca perderemos. Así, pues, Cristo es siempre Dios. Dios, ¿cómo? ¿Preguntas qué clase de divinidad? Es igual al Padre. No busques en la eternidad modos de ser, sino sólo la felicidad. Comprende, si puedes, cómo Cristo es Dios. Te lo voy a decir, no te defraudaré. ¿Preguntas en qué modo Cristo es Dios? Escúchame; mejor, escucha a mi lado; escuchemos y aprendamos juntos. No creáis que, porque yo hablo y vosotros me escucháis, yo no escucho con vosotros. Cuando oyes que Cristo es Dios, preguntas: «¿De qué modo Cristo es Dios?». Escucha conmigo; no digo que me escuches a mí, sino que escuches conmigo, pues en esta escuela todos somos condiscípulos; el cielo es la cátedra de nuestro maestro. Escucha, pues, de qué modo Cristo es Dios. En el principio existía la Palabra. ¿Dónde? Y la Palabra estaba junto a Dios. Pero palabras acostumbramos a oírlas a diario. No equipares a las que acostumbras a oír la Palabra era Dios, cuyo modo de ser busco. Pues he aquí que ya creo que es Dios, pero pregunto cómo es Dios. Buscad siempre su rostro. Que nadie desfallezca en la búsqueda, antes bien avance. Avanza en la búsqueda si es la piedad y no la vanidad la que busca. ¿Cómo busca la piedad?, ¿cómo busca la vanidad? La piedad busca creyendo, la vanidad disputando. En el caso de que quieras entrar en discusiones conmigo y decirme: «¿A qué Dios adoras? ¿Cómo es el Dios que adoras? Muéstrame lo que adoras», te responderé: «Aunque tengo qué mostrar, no tengo a quién».

En la festividad de la ascensión, tú me dices: «Muéstrame a tu Dios». Yo te respondo: «Vuelve los ojos por un momento a tu corazón». «Muéstrame -dices- a tu Dios». «Vuelve los ojos por un momento-repito- a tu corazón». Quita de él lo que veas en él que desagrada a Dios. Dios quiere venir a ti. Escucha al mismo Cristo, el Señor: Yo y el Padre vendremos a él y estableceremos nuestra morada en él. He aquí lo que te promete Dios. Si te prometiera venir a tu casa, la limpiarías: Dios quiere venir a tu corazón, ¿y eres perezoso para limpiarle la casa? No le gusta habitar en compañía de la avaricia, mujer inmunda e insaciable, a cuyas órdenes servías tú que buscabas ver a Dios. ¿Qué hiciste de lo que Dios te ordenó? ¿Qué no hiciste de cuanto la avaricia te mandó? ¿Cuánto hiciste de lo que Dios te ordenó? Yo te muestro lo que hay en tu corazón, en el corazón de quien quiere ver a Dios. Había dicho antes: «Aunque tengo qué mostrar, no tengo a quién». De lo que te mandó Dios, ¿cuánto hiciste? De lo que te mandó la avaricia, ¿cuánto dejaste para más tarde? Te ordenó Dios vestir al desnudo, y te pusiste a temblar; te mandó la avaricia que despojases al vestido, y perdiste los estribos. Si hubieses hecho lo que Dios te mandó, ¿qué voy a decirte? ¿Que tendrías esto y aquello? Tendrías a Dios mismo. Si hubieras hecho lo que Dios te mandó, tendrías a Dios. Hiciste lo que te ordenó la avaricia: ¿qué tienes? Sé que has de decirme: «Tengo lo que sustraje». Tienes, pues, por haber quitado. -¿Tienes algo contigo, tú que te has perdido a ti mismo?-Sí, -dices. -¿Dónde, dónde? Dímelo, te lo suplico. -Ciertamente o en mi casa, o en la cartera, o en un arca; no quiero decir más. -Dondequiera que lo tengas, ahora no lo tienes contigo. Ciertamente piensas tenerlo ahora en el arca; quizá lo has perdido y vives en la ignorancia; quizá cuando vuelvas no encuentres lo que dejaste allí. Busco tu corazón; te pregunto por lo que tienes en él. Advierte que llenaste tu arca e hiciste añicos tu conciencia. Ve a un hombre lleno y aprende a estar lleno: El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; como plugo al Señor, así sucedió; sea bendito el nombre del Señor. Y había perdido todo. ¿De dónde, pues, sacaba estas piedras preciosas de alabanza al Señor?

Purifica, pues, tu corazón, en cuanto te sea posible; sea ésta tu tarea y tu trabajo. Ruégale, suplícale y humíllate para que limpie él su morada. No comprendes: En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios; ella estaba en el principio junto a Dios. Todo fue hecho por ella y sin ella nada se hizo. Lo que fue hecho era vida en ella, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la acogieron. He aquí por qué no la acoges: La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la acogieron. ¿Qué son las tinieblas sino las obras malas? ¿Qué otra cosa son las tinieblas sino las malas apetencias, el orgullo, la avaricia, la ambición y la envidia? Todas estas cosas son tinieblas; por eso no la acoges. Pues la luz luce en las tinieblas; pero dame uno que la acoja.

Que su gracia nos purifique; que nos purifique con sus riquezas y consuelos. Hermanos míos, en la ascensión de Jesús, por él y en él os ruego que abundéis en obras buenas, en misericordia, bondad y benignidad. Perdonad rápidamente toda ofensa contra vosotros. Nadie guarde rencor contra nadie, no sea que cierre el paso de su oración hacia Dios. Todo esto porque mientras vivimos en este mundo, aunque hagamos progresos, aunque vivamos justamente, aquí no estamos sin pecado. Y no sólo son pecados los considerados graves, a saber, los adulterios, fornicaciones, sacrilegios, hurtos, rapiñas, falsos testimonios; no son éstos los únicos pecados. Mirar algo que no debías es pecado; escuchar con agrado algo que no debiste oír es pecado; pensar algo que no debías pensar es pecado.

¡Gran misericordia la de quien ascendió a lo alto e hizo cautiva la cautividad! ¿Qué significa hizo cautiva la cautividad? Dio muerte a la muerte. La cautividad fue hecha cautiva: la muerte recibió la muerte. Entonces, ¿qué? ¿Sólo esto hizo el que ascendió a lo alto e hizo cautiva la cautividad? ¿Nos abandonó? He aquí que estoy con vosotros hasta el fin del mundo. Fíjate, por tanto, en aquello: Repartió sus dones a los hombres. Abre el seno de la piedad y recibe el don de la felicidad.

San Agustín (Sermón 261, sobre la Ascensión del Señor)

 

 

El icono, regalo del obispo de la diócesis de San Carlos (Filipinas), ha sido realizado por el agustino recoleto Jaazeal Jakosalem y pretende visibilizar la problemática de los llamados «sacadas»

En la visita Ad Limina de los obispos de Filipinas, el Papa Francisco ha recibido un regalo con mucho simbolismo. El obispo de la diócesis de San Carlos, Mons. Gerardo Alminaza, ha hecho entrega al Santo Padre del icono «Jesús, el trabajador del azúcar», obra del agustino recoleto Jaazeal Jakosalem. Tras el icono, que representa a Jesús trabajando en uno de los activos principales de Filipinas, se esconde la historia de miles de personas anónimas que trabajan en pésimas condiciones en este sector.

Por encargo del obispo Alminaza, Jaazeal Jakosalem ha realizado esta pintura reivindicativa que ha sido entregada al Papa Francisco este martes en la visita de los obispos filipinos. El artista agustino recoleto ha pretendido visibilizar la problemática de los llamados «sacadas», los trabajadores de la caña de azúcar de la isla de Negros -de Negros -donde se encuentra la diócesis- que son pésimamente remunerados por su trabajo en el campo, sin beneficios ni seguro, y que, sin embargo, contribuyen al crecimiento económico de la isla.

El rostro de Jesús es serio. En sus manos sostiene varias cañas de azúcar, el cultivo principal en la isla de Negros. Junto a Jesús se encuentra el cuchillo de caña, símbolo del duro trabajo y dedicación de los trabajadores. Como es normal, en sus manos están representadas las llagas de los clavos de la cruz. Delante de su figura hay representadas dos balas ensagrentadas, símbolo de la militarización actual de a isla, que incluye el asesinato de trabajadores agrícolas por parte de las fuerzas estatales. Completan la escena la inscripción en visayo «Hesus sa Katubhan» («Jesús en los campos de caña de azúcar») y dibujos étnicos filipinos.

«Este icono nos desafía a ver a Jesús en la vida de nuestros hermanos y hermanas en las periferias de la lucha en los campos de caña de azúcar», dice el autor del icono regalado al Papa Francisco. «A menudo son esclavizados por la pobreza en su vida; lucharon por la tierra y la justicia, terminando muertos a manos de nuestras fuerzas estatales», indica.

El obispo de San Carlos lamenta que actualmente los trabajadores “están siendo pagados injustamente” y sin beneficios sociales y de salud a pesar de su contribución al crecimiento económico.

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El 23 de mayo, en la Curia Provincial, tuvo lugar la reunión de ARCORES, presidida por el Prior Provincial, Fray Albeiro Arenas Molina, con el fin de avanzar en el proceso de constitución de «ARCORES» Colombia. El encuentro da continuidad, al proceso iniciado en el 2018, donde manifestamos formalmente nuestro interés de respaldar la creación y desarrollo, de esta Red solidaria Agustino Recoleta en nuestro País.

 

El 24 de mayo los Frailes misioneros tanto del VICARIATO Apostólico de Trinidad, como de la DIÓCESIS de Yopal, tuvieron su retiro dirigido por Fray Juan de Dios Tibocha Restrepo y Fray Facundo Suárez Cubides. Nuestros misioneros presididos por Monseñor Fray Javier Pizarro Acevedo, se han empeñado en realizar cada mes un encuentro fraterno en la comunidad local de Paz de Ariporo, siendo muy bien atendidos por Fray William Hincapié Velásquez, prior y párroco y Fray Daniel Medina Villamil, vicario; para compartir unas horas de espiritualidad y fraternidad, que son muy bien aprovechadas para el crecimiento y vivencia del carisma OAR.

 

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Por medio de la ley 725 del 2001, el Congreso de la República decretó el 21 de mayo como el Día Nacional de la Afrocolombianidad, haciendo alusión al 21 de mayo de 1851 cuando en ese entonces el presidente de la República José Hilario López, firmó el decreto de abolición de la esclavitud en Colombia. El día de la afrocolombianidad busca sensibilizar a la ciudadanía en torno a la valoración y al respeto por la diversidad étnica y cultural. La idea es acercar todo este conocimiento para que el mundo lo conozca. A fin de cuentas, la diversidad es una de las mayores riquezas para la consolidación de un proyecto de país.

 

Los religiosos de la Delegación en Guatemala, se reunieron del 20 al 23 de mayo, con Fray Pedro Rivas Durán, Presidente del Secretariado de Apostolado, para presentar las decisiones del LXXX Capítulo Provincial a los religiosos y laicos de Guatemala y recoger sus inquietudes para la elaboración del plan provincial de apostolado.

 

Monseñor Fray DAVID ARIAS PÉREZ, qepd, quien pertenece a la Provincia San Nicolás de Tolentino, falleció en el Hospital de Holy Name, Teaneck, New Jersey, Estados Unidos, a la edad de 89 años, a consecuencia de una disfagia e insuficiencia renal. Mons. David nació en Mataluenga, León, España, el 22 de julio de 1929. Fue ordenado presbítero en Barcelona, con motivo del XXXV Congreso Eucarístico Internacional, el 31 de mayo de 1952. A los 54 años de edad, el 7 de abril de 1983, fue consagrado obispo auxiliar de la diócesis de Newark, New Jersey, Estados Unidos.

¡MES DE LA MAMÁ!


A todas las MADRES que nos leen les compartimos nuestro SALUDO en nombre del Prior Provincial y Consejo. Presentamos en la Plegaria al Dios de la vida, que sea Él quien, con fraternal Amor, les acompañe e ilumine siempre. También depositamos ante el Altar de la Eucaristía, la plegaria agradecida al Resucitado, por las que descansan en la paz de Cristo.

En virtud de su trayectoria académica y profesional, Jesús Leonardo Rodríguez Ramírez, rector del Colegio Agustiniano Campestre fue nominado por el Claustro de Directores de la Organización de las Américas para la Excelencia Educativa – ODAEE, para ser investido como Embajador de la Paz, por su contribución a la construcción de Espacios de Diálogo y Reflexión para el establecimiento de una Cultura de Paz desde y através de la Educación. Así mismo la institución está nominada para recibir el Premio Sapientiae de Excelencia Educativa y participar en el Ranking de las Mejores Instituciones Educativas de las Américas. La ceremonia de premiación se realizará el día 22 de noviembre en el Hotel New Yorker de la ciudad Nueva York – USA.