Martes, 06 August 2019 10:43

“Fogón de la Divina Providencia”: un alimento para el alma Destacado

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Las hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, dentro del programa de ayuda “Unidos con Venezuela” están realizando una labor de apoyo significativo a miles de venezolanos.

En medio de una crisis social, económica y política que vive Venezuela, las hermanas Agustinas siguen respondiendo a los desafíos que la sociedad y la Iglesia actual nos presentan. A diario, abren las puertas de su casa generalicia ubicada en Los Teques, Estado Miranda, para ver el rostro de Cristo sufriente.

Un Cristo que padece hambre, penurias, desnudez, enfermedad… hoy son más de 1.080 personas: madres con sus hijos en brazos, abuelitos, enfermos, discapacitados, indigentes, niños de la calle y niños especiales que sufren abandono y maltrato, quienes a diario se acercan a esta obra de misericordia pidiendo no sólo un plato de comida, ropa, juguetes o medicinas, sino acogida, comprensión y escucha amorosa.

ARCORES Venezuela impulsa una noble causa junto a las hermanas de la congregación, quienes atienden el comedor “Fogón de la Divina Providencia”, allí ofrecen diariamente 1.080 platos de comidas de forma gratuita a las personas más necesitadas, lo que traduce a 32.400 platos de comida al mes.

Anteriormente las hermanas comenzaron dando comidas a alrededor de treinta ancianos indigentes que cada mañana acudían a las puertas de su casa.

La difícil situación del país incrementó poco a poco el número de personas pidiendo ayuda, así como la frecuencia. Con ayuda de nuestra Red Solidaria no se ha dejado de atender esta llamada, principalmente cuando se ha visto crecer la incidencia de enfermedades, la desnutrición y la pobreza extrema.

Actualmente este comedor ofrece una comida diaria, de lunes a domingo. Además, a los niños se les da un refuerzo alimentario para tratar de revertir su estado de desnutrición.

El servicio de comedor permite ayudar a estas personas en otras necesidades. Se trata de conocerlos, de ver de dónde vienen, por qué están en ese estado; también de escucharlos, hacerles ver que no están solos, construir comunidad alrededor de vidas en muchos casos solitarias y abandonadas.

Son muchas familias quienes agradecen a las hermanas y al aporte de ARCORES por la oportunidad que les brindan, aseguran que les han cambiado la vida ante las dificultades y necesidades de alimentación y salud por las que habían pasado antes.

Quienes acuden no sólo agradecen la comida, sino la calidez. “Tengo un año viniendo y ya cuento con un grupo de amigos que se ha convertido en mi familia porque mis hijos se fueron del país y se olvidaron de mí”, relató Clementino Monteverde, de 80 años de edad.

La Madre Marelis Parada, Superiora General de Las Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, agradeció a cada uno de los benefactores que hacen posible esta hermosa labor “a todas las personas que ya nos ayudan, les invito a que sigan creyendo, cada quien pone lo que tiene y lo que tiene es un cien por ciento, y así vamos viendo como esta obra se puede sostener y mantener”.

“Moviendo corazones, transformando vidas, es el lema de nuestra Red Solidaria, y eso es lo que se da aquí. Hemos transformando vidas porque hay corazones que están constantemente en movimiento”, expresó la Madre Marelis Parada.

Amor, protección y educación para los más pequeños

La crisis humanitaria que afecta al país muestra otra cara, la de los niños abandonados por sus padres que no tienen los suficientes medios para sostenerlos, situación que se ha agudizado ante la escasez de alimentos y medicamentos.

Al umbral de este comedor, han abandonado a niños (huérfanos, desprotegidos, maltratados o en situación de riesgo) a los que las hermanas también ayudan. Allí, mediante la casa de abrigo “Instituto corazón de Jesús” prestan un servicio de protección y educación permanente para menores con pocos recursos, donde se ven beneficiados más de 20 niños en estado de desnutrición, abandono y violencia.

Dentro del grupo de estos infantes, Esteban es el más pequeños que reside en la casa, llegó a la comunidad de Los Teques cuando tenía tres meses y pesaba solo 2,8 kilos. Ahora crece sano como uno más entre las religiosas, que le dan cada día su cariño.

Como Esteban, muchos niños son abandonados en Venezuela porque sus padres no pueden hacerse cargo de ellos, de su crecimiento, de su alimentación y de su educación. Siete meses después, Esteban crece ahora feliz y sano. Volvió a nacer, esta vez en una comunidad de religiosas. Las Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús le han cubierto sus carencias, principalmente la alimenticia. Para ellas, criar a un bebé ha supuesto todo un desafío. Habían cuidado niños pequeñas, pero jamás un bebé de tres meses. Poco a poco, han ido aprendiendo.

Los niños que residen en la casa de abrigo reciben una alimentación adecuada, cuentan con espacios y actividades para su recreación y el cuidado que merecen, de la mano de sus “ángeles”, hermanas entregadas a la labor del cuidado de cada uno de ellos.

Llevando “semillas de esperanza” a las cárceles

Las hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús han sido signo de la presencia de Dios en situaciones de extrema pobreza y realidades adversas, como en las cárceles, donde acompañan integralmente y sin discriminación a las personas que solicitan comprensión, en donde ven el rostro de Cristo sufriente.

Ellas visitan a diario llevando alimentos y esperanza a más de 40 privados de libertad en la entidad, en total 1.200 almuerzos son repartidos mensualmente.

La cárcel es lugar de castigo y de sufrimiento y tiene mucha necesidad de atención y de humanidad, las hermanas con su apostolado tratan de curar las heridas de quienes por los errores cometidos se encuentran privados de su libertad personal.

El comedor “Fogón de la Divina Providencia” es uno de los 32 proyectos del programa Unidos con Venezuela de la Red Solidaria Internacional Agustino Recoleta en Venezuela. Esta iniciativa lleva dos años en funcionamiento y abarca la mayor parte del país. Se centra en tres áreas: asistencia alimentaria, atención básica de la salud y educación.

Por: ARCORES

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