Martes, 23 April 2019 09:38

A propósito de los atentados de Sri Lanka Destacado

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Centenares de cristianos fueron asesinados en Sri Lanka en varias explosiones mientras celebraban la Pascua y la Resurrección de Cristo. Sobre esto reflexiona el agustino recoleto Antonio Carrón

Despertar un Domingo de Resurrección con la noticia de los atentados de Sri Lanka en varios hoteles e iglesias ha supuesto un gran impacto para todos. En un día en que la vida y la alegría se convierten en protagonistas, la muerte y la tristeza inundaron el mundo. Y no era la primera vez: allí mismo, en 2017 fueron 47 las víctimas de otro atentado contra cristianos durante la celebración del Domingo de Ramos. En total, durante 2018 han sido más de 4.000 los cristianos que perdieron la vida por profesar su fe, y quizás es algo que está pasando demasiado desapercibido. Hace poco ardía Notre Dame en París y el mundo -creyente y no creyente- se volcó en un sinfín de muestras de tristeza, apoyo y deseos de reconstrucción. Hoy hablamos de 245 millones de cristianos que son perseguidos en el mundo por su fe, muchos de ellos mueren (en Sri Lanka y otros muchos lugares), y pudiera parecer que no tenga tanta repercusión, no sea algo tan notorio o, al menos, no interese tanto. Como si la historia de piedra pareciera más valiosa que la historia de carne…

La Iglesia, desde sus orígenes, ha sido perseguida. Fue el testimonio de los primeros mártires el que dio un impulso definitivo a la incipiente comunidad cristiana que se topó con un sinfín de obstáculos. Muchos de esos testimonios siguen siendo fuerza para que otros muchos vivan su fe hoy con esperanza. Y sí, a lo largo de la historia la Iglesia ha vivido y vive sus crisis y contradicciones por muy diversos motivos: abuso de poder, ambición, egoísmo, hipocresía… Constituida por seres humanos, la Iglesia tiene esa dimensión humana y, por tanto, tocada por el mal. Pero la Iglesia es también santa y, día a día, millones de personas siguen adelante, de multitud de formas y en multitud de lugares, con la misión encomendada por Jesucristo: «id al mundo entero y proclamad el Evangelio» (Mc 16, 15).

Cuando todo va bien, cuando la Iglesia es aplaudida, aceptada o privilegiada deberíamos preguntarnos si, realmente, todo va bien. Si la Iglesia es perseguida por dar testimonio de la fe y hay cristianos que dan la vida por Jesucristo y su Evangelio, es entonces cuando se está haciendo realidad su Palabra: «El que pierda su vida por mí la encontrará.» (Mt 10,37-42) «Recibiréis en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.» (Mc 10, 28-31)

Los atentados de Sri Lanka no distinguieron: había personas de vacaciones, personas trabajando, celebrando la Pascua o, simplemente, pasaban por allí. El mal no distingue, pero el bien siempre triunfa. La existencia del mal en el mundo es una invitación para que, desde el Evangelio, nos unamos y venzamos el mal a fuerza de bien.

Antonio Carrón de la Torre OAR

#UnaPalabraAmiga

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