Homilía Dominical Agustiniana

TIEMPO PASCUAL (29/04/2018)

 

  5° Domingo de Pascua

Hechos 9,26-31 Salmo 21,26-32 1Juan 3,18-24 Juan 15,1-8

“El final sin fin será la resurrección de la carne; después ya no habrá más muerte de la carne, no habrá más sufrimiento de la carne, no habrá más angustias de la carne, no habrá más ni sed de la carne, no habrá más aflicciones de la carne, no habrá más vejez ni decaimiento de la carne. Que no te espante, entonces, la resurrección de la carne. Ninguna de las miserias de las que ahora nos lamentamos, existirá más; allí seremos eternos, iguales a los ángeles de Dios (Cf. Mt 2,30), y habitaremos una misma ciudad junto a los santos ángeles. Seremos posesión del Señor, nosotros seremos su herencia, y él será la nuestra, ya que ahora nosotros decimos: El Señor es la parte de mi herencia (Sal 16,5), y refiriéndose a nosotros él le dijo a su Hijo: Pídeme y te daré las naciones como herencia (Sal 2,8). Lo poseeremos y seremos su posesión, lo tendremos a él y él nos tendrá a nosotros. ¿Qué estoy diciendo? Nosotros lo cultivamos y somos cultivados. Le damos culto como Dios y él nos cultiva como a un campo. Si quieren convencerse de que él nos cultiva, escuchen al Señor: Yo soy la verdadera vid, ustedes son los sarmientos, y mi Padre es el agricultor (Jn 15,5.1). Si se lo denomina agricultor, quiere decir que es uno que cultiva un campo. ¿Qué campo? Él nos cultiva a nosotros. Un agricultor de esta tierra que vemos puede arar, puede cavar, puede plantar, y si encuentra agua puede también regar. Pero, ¿puede acaso hacer llover? ¿Puede dar el crecimiento, hacer surgir el brote, hacer que las raíces se hundan en la tierra, hacer que se desarrolle la planta, fortalecer las ramas, cargarlas de frutos, acrecentar su follaje? ¿Puede hacer algo de esto un simple agricultor? En cambio nuestro agricultor, el Padre Dios, puede hacer todo esto en nosotros. ¿Por qué? Porque nosotros creemos en Dios Padre todopoderoso.” (S 213,10).

“Presten atención ya que, como dije, Dios nos cultiva. Porque no hay necesidad de que yo les demuestre que nosotros damos culto a Dios. Es común que los hombres digan que los seres humanos dan culto a Dios. Por el contrario, si uno siente decir que Dios cultiva a los hombres, casi se asusta cuando lo escucha, porque los hombres no acostumbran decir que Dios cultiva a los seres humanos, sino que son los seres humanos los que dan culto a Dios. Tengo, por tanto, que demostrarles que también Dios cultiva a los hombres, para que no se piense que usé un término incorrecto y alguno dispute internamente conmigo y me reprenda sin saber qué es lo que quiero decir. Me he propuesto, entonces, demostrarles que también Dios nos cultiva a nosotros; pero, como ya lo dije, nos cultiva como a un campo, a fin de hacernos mejores. El Señor dijo en el Evangelio: Yo soy la vid, y ustedes los sarmientos. Mi Padre es el agricultor. ¿Qué hace un agricultor? Se lo pregunto a ustedes que son agricultores. ¿Qué hace un agricultor? Pienso que cultiva su campo. Si Dios Padre es agricultor, entonces tiene un campo, cultiva su propio campo y espera sacar frutos de él.” (S 213,10)

 

Selección: Fray José Echávarri, oar
Traducción: Gerardo García Helde