Homilía Dominical Agustiniana

Domingos durante el año (19/08/2018) 

 

20° Domingo durante el año

 
Proverbios 9,1-6 / Salmo 33,2-15 / Efesios 5,15-20 / Juan 6,51-59
 
“Sin duda, cada objeto que se ofrece a nuestros diversos sentidos deleita al sentido correspondiente. Ni el sonido deleita a los ojos, ni el color al oído. En cambio, para nuestro corazón el Señor es luz, voz, olor y también alimento. Y siendo todas estas cosas, no es nada de esto; y no es nada de esto porque de todas estas cosas él es el creador. Él es luz para nuestro corazón, por eso decimos: Por tu luz, vemos la luz (Sal 36,10). Es melodía para nuestro corazón, y por eso decimos: Tú darás gozo y alegría a mi oído (Sal 51,10). Es perfume para nuestro corazón, por eso decimos: Nosotros somos la fragancia de Cristo (2 Cor 2,15). Si además —como están en ayunas— quieren comida: Felices los que tienen hambre y sed de justicia (Mt 5,6), y justamente de nuestro Señor Jesucristo se dijo que se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia (1 Cor 1,30).
 
El banquete está preparado. Cristo es la justicia, y nunca se desperdicia. No nos lo prepararon unos cocineros, ni fue importado de otros países por unos comerciantes, como sucede con las frutas extranjeras. Es un alimento que saborean todos aquellos que tienen sano el paladar, es el alimento del hombre interior, que se recomienda a sí mismo, diciendo: Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Es un alimento que da nueva fuerza y no se agota; es un alimento que, cuando se lo insume, no se consume; es un alimento que sacia a los hambrientos, permaneciendo siempre entero.

Cuando salgan de aquí y vayan a sus mesas, no encontrarán nada semejante para comer. Por eso, ya que vinieron a este banquete: ¡coman bien! Y cuando se vayan de aquí: ¡digieran bien! Come bien pero digiere mal, el que escucha la palabra de Dios y nola practica (Cf. Mt 7,26); no mastica bien y, a causa de la indigestión, vomita crudo lo que le causaba malestar.” (S 28,2)
 
“Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados (Mt 5,6). Tú quieres saciarte. ¿De qué? Si deseas la saciedad de la carne, una vez que hayas digerido lo que te satisfizo, volverás a tener hambre. El que beba de esta agua —dice el Señor— tendrá nuevamente sed (Jn4,13). La medicina que se aplica a una herida, si ésta se cura, ya no causa más dolor; mientras que la que se usa contra el hambre, es decir la comida, se usa de tal manera que la alivia sólo por un rato. En efecto, pasada la saciedad, retorna el hambre. Por lo menos, diariamente se añade el remedio para saciarnos, pero no se ha curado la herida de la debilidad. Tengamos, por lo tanto, hambre y sed de justicia, hasta que seamos saciados por la Justicia misma, de la que ahora estamos hambrientos y sedientos. Seremos saciados, verdaderamente, con aquello mismo de lo que tenemos hambre y sed. Que
nuestro hombre interior tenga hambre y sed, porque tiene una comida y una bebida que le pertenecen. Yo soy —dice el Señor— el
pan bajado del cielo. Ya tienes el pan para el hambriento; deseatambién la bebida para el sediento: En ti está la fuente de la vida(Sal 36,10).” (S 53,4)“
 
¿Quién es el pan del Reino de Dios sino aquel que dijo: Yo soy el pan vivo bajado del cielo? No dispongas tu boca sino tucorazón. Allí se encomendó esta cena: y nosotros que creemos en Cristo, lo recibimos con fe. Y al recibirlo, sabemos cuál es nuestra intención. Recibimos algo pequeño, pero con eso llenamos nuestro corazón. No alimenta, entonces, lo que se ve sino lo que se cree. Por lo tanto, tampoco lo buscamos con los sentidos exteriores, ni decimos: ‘Si es verdad cuanto se narra, y creyeron en el Señor resucitado los que lo vieron con sus propios ojos y lo tocaron con sus manos; ¿por qué vamos a creer nosotros que no lo hemos to-cado?’. Si pensáramos de este modo, es como si cinco yuntas de bueyes [los cinco sentidos] nos estuvieran impidiendo participar dela cena.” (S 112,5)                      
 

Selección: Fray José Echávarri, oar
Traducción: Gerardo García Helde