El próximo sábado, 23 de febrero, desde las 8:30 am a 12 m, tendremos en el Agustiniano Ciudad Salitre, nuestro 1er RETIRO ESPIRITUAL mensual de las CASAS DE BOGOTÁ y visitantes, en esta ocasión el predicador será Fray Iván Garzón Rojas, OP. ¡TODOS INVITADOS!

 

 

El agustino recoleto Antonio Carrón reflexiona en este artículo sobre las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de cada persona, llevando al ámbito personal este método de análisis empresarial

Una de las metodologías que solemos utilizar cuando queremos analizar una situación o una institución es la conocida como DAFO, acrónimo derivado de Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades. Básicamente consiste en reflexionar sobre aquellos elementos que pueden suponer una debilidad (análisis interno) o amenaza (análisis externo) y cuáles son base de fortalezas (análisis interno) y oportunidades (análisis externo). Normalmente los cuatro elementos se ven por separado y desde una lectura objetiva, teniendo en cuenta la realidad del momento en que se realiza el análisis. Sin duda, esta técnica nos ofrece una visión a nivel institucional o personal que resulta muy esclarecedora y a partir de la cual se pueden sugerir propuestas de mejora.

Una forma específica de enfocar este análisis consiste en partir de los elementos que podríamos denominar “negativos” (en este caso las debilidades y amenazas) y verlos como una llamada a cambiar de perspectiva transformándolos en fortalezas y oportunidades. Se trata de una perspectiva que conecta muy bien con lo que conocemos como resiliencia, esa capacidad de adaptación frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Por lo general, todos queremos tener en nuestras vidas muchas más fortalezas y oportunidades que debilidades y amenazas. Pero, ¿por qué no cambiar la perspectiva y leer esas debilidades y amenazas como oportunidades para salir fortalecidos? De alguna forma, ¿no es necesario superar dificultades para poder crecer? ¿Se valoran igual las metas alcanzadas cuando se consiguen de forma fácil o cuando son fruto de esfuerzo y sacrificio?

Quizás uno de los grandes errores que ha cometido la sociedad actual es el de la cultura de la súper protección de los hijos, evitando que puedan pasar por dificultades y buscando siempre que disfruten de un ilusorio estado felicidad y caminos despejados. Ese mundo ideal, esa bola de cristal, tarde o temprano termina por romperse. Y, si una persona no está preparada para lidiar con debilidades y amenazas, difícilmente podrá desenvolverse en este mundo. Las debilidades y las amenazas no son negativas, nos sirven para renovarnos, para superarnos, para innovar, para ser emprendedores, para crecer y, en definitiva, para vivir.

Otro aspecto a tener en cuenta es el de encontrar en la sociedad, en la familia, en organizaciones o instituciones, o en nosotros mismos fallos, cosas que no nos gustan. El ser humano no es perfecto y, por eso mismo, comete errores, experimenta el dolor y es capaz de hacer daño a los demás. Pero ello no convierte a la humanidad en algo malo, de ahí no se genera una perspectiva pesimista de la vida sino, más bien, una necesidad de continua búsqueda, de continua superación. Y, para ello, es necesario tener referencias, bases firmes, un camino que ayude a llegar a la meta.

Para esclarecer un poco más esta cuestión, puede resultarnos iluminador el texto de san Pablo 2 Cor 12, 9-10: “El Señor me respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad». Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” Dicho en nuestro mundo de hoy, no parece tener mucho sentido la aparente contradicción de ser fuerte desde la debilidad. Pero, si lo pensamos bien, sólo desde el reconocimiento de nuestra condición de seres limitados, sólo desde el reconocimiento de nuestros errores, sólo desde el pedir perdón y acogerse a él, es posible crecer.

Reconocer nuestras debilidades y amenazas, lidiar con ellas, trabajarnos desde ellas, tomarlas como fundamento para buscar nuevos caminos, nuevas oportunidades, es el verdadero camino para consolidar fortalezas en nuestra vida. Y san Pablo nos daba la clave de la Fortaleza con mayúscula. Porque, en Cristo, cuando soy débil, entonces soy fuerte. Porque cuando nos dejamos moldear por Él, es cuando verdaderamente crecemos. Porque con Él y desde Él, todo cobra sentido.

Antonio Carrón OAR

#UnaPalabraAmiga

El agustino recoleto Luciano Audisio reflexiona en este artículo sobre la visión de la mujer en la Biblia, concretamente en el libro del Cantar de los Cantares

Estamos viviendo un momento histórico crucial para la humanidad, estamos, no sé si se podría decir así, ante un cambio de paradigma. Hoy basta abrir un periódico o mirar las noticias para toparnos todos los días con una de las cosas más dolorosas que entre los seres humanos nos puede pasar que es la llamada «violencia de género». Esto apena que así sea y duele ver cómo el plan del creador que estaba desde el principio, el de la complementariedad del hombre y la mujer (cf. Gn 2-3), se derrumba ante estos hechos. Es ante esta situación que volví a leer uno de los grandes libros que tenemos en la Biblia, el del Cantar de los Cantares. Ahí me encontré con un poema que iluminó perfectamente aquello que estaba desde el principio: hombre y mujer complementarios en el amor, en la búsqueda y en la vida. Leemos el poema:

Estaba durmiendo
mi corazón en vela
cuando oigo a mi amado que me llama:
“Ábreme amada mía,
mi paloma sin mancha
que tengo la cabeza
cuajada de rocío,
mis rizos, del sereno de la noche”.
— Ya me quité la túnica,
¿cómo voy a ponérmela de nuevo?
ya me lavé los pies
¿cómo voy a marcharlos otra vez?
Mi amor mete la mano
por la abertura:
me estremezco al sentirlo,
al escucharlo se me escapa el alma.
Ya me he levantado
a abrir a mi amado:
mis manos gotean
perfume de mirra
mis dedos mirra que fluye
por la manilla
de la cerradura.
Yo misma abro a mi amado,
abro, y mi amado ya se ha ido.
Lo busco y no lo encuentro,
lo llamo y no responde.
Me encontraron los guardias
que rondan la ciudad.
Me golpearon e hirieron,
me quitaron el manto
los centinelas de la murallas.

ELLA: Muchachas de Jerusalén,
las conjuro
que si encuentran a mi amado,
le digan… ¿qué le dirán?…
que estoy enferma de amor.

ELLAS: ¿Qué distingue a tu amado de los otros,
tú, la más bella?
¿Qué distingue a tu amado de los otros,
que así nos conjuras?

ELLA: Mi amado ha bajado a su huerto,
a las eras de balsameras,
a apacentar en los huertos,
y recoger lirios.
Yo soy para mi amado, y mi amado es para mi,
él pastorea entre los lirios.
(Cant 5,2-6,3)

Lo que llama la atención a primera vista es que aquel que canta este amor es la mujer, la que se regocija en el amado, la que se extasía ante el recuerdo del amado. Es ella la que canta la posesión, la unión, el sosiego y la transformación que opera la unión de los cuerpos.

Interesante es pensar esto, porque en casi todo este tipo de literatura, en el ámbito profano, está dominada o por lo menos tiene cierta preponderancia la mirada masculina. Es el hombre que canta a su amada. En este libro sagrado es la mujer la que canta expresando todo su afecto, con todo el sentimiento, la capacidad y la entrega amorosa. Es la mujer la que canta con el afán de compartir la vida, de dar ternura, de recibir cariño, de gozar de las maravillas de la vida junto a la persona amada. No se ve como un desahogo sino como el hambre de amor, de amor humano, que por ser humano lleva la carga indeleble de la divinidad.

Por otra parte, al menos hasta ahora no hemos encontrado en las culturas del Medio Oriente un testimonio de amor femenino, tan directo, tan fino, tan lleno de entusiasmo como este poema. Este es el otro aspecto complementario de la Biblia: es el lenguaje humano, pero también es comunicación de Dios. Es fruto de la experiencia de un pueblo, pero experiencia de fe y de lealtad de Dios. No es la experiencia del que busca a Dios sino del que ha sido buscado y desafiado por Dios. Esta cercanía de Dios ha llevado al pueblo, con muchos rodeos y con mucha lentitud, a reconocer la grandeza y las maravillas de la mujer.

En un momento el poema nos trae a las «muchachas de Jerusalén». Esta figura intenta poner el dramatismo acorde al anhelo de la mujer, y darle paso a ella, para que así pueda expresar por qué su amado es único para ella. Es un amor que transforma completamente a ambos.

Los últimos tres versículos del poema (vv. 1-3), se puede encontrar ese amor en su plenitud que ha sido consumado, aquello que al principio parecía solamente un sueño deja paso a la realidad. El esposo tendrá como ocupación principal estar unido a su esposa, en la que encuentra toda su plenitud y complementariedad. Ella es su jardín, como aquel del comienzo, es su perfume, es la mas bella de todas las flores. Ella es la que contempla y admira al amado. Ella es de él y él de ella. Han unido sus vidas, han volcado uno en el otro todo el amor. Este amor es sagrado, este amor es el amor del principio.

Luciano Audisio OAR

#UnaPalabraAmiga

Muchas personas necesitan pedir a Dios razón de su sufrimiento. La respuesta está en la cruz. Lo relata en este artículo el agustino recoleto Miguel Ángel Ciaurriz

Cuenta Simone de Beauvoir, filósofa y escritora francesa, fallecida en la década de los ochenta del siglo pasado, hija de un ateo y de una creyente, considerada la gran musa del feminismo, que su padre, en el lecho de muerte, antes de partir hacia donde no sabía dónde, le dijo a su madre: “si te ves con Dios, dile que le perdono”. Parece que quiso llegar a la fe, pero no encontró la manera de doblegar la terquedad de su mente.

Viene esto a cuento de que hoy mucha gente siente la tentación de pedir a Dios razón de su sufrimiento. “A ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lagrimas”, decimos cuando rezamos la Salve. Pareciera que, cuando rezamos así, sentimos que nuestro destino fatal en este mundo es inexorablemente sufrir y padecer, sufrir y más sufrir.

Dios no quiere eso. Él es un Padre bueno, que quiere lo mejor para nosotros; no quiere que suframos. Además, cuando sufrimos, no es ajeno a nuestro dolor, Él sufre con nosotros.

Cuando aquel fatídico 11 de septiembre del 2001 aquellos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas de New York, muchos se preguntaron dónde estaba Dios ese día y a esa hora, por qué no detuvo o desvió esos pájaros de acero que llevaban la muerte en sus entrañas.

No nos costará trabajo imaginarnos a Dios llorando amargamente, más que nadie ese día, más que los propios familiares de los fallecidos y más que cualquier ciudadanos de la población norteamericana y del mundo entero que ese día sintió que una buena parte de sus vidas se fue con los que quedaron sepultados.

Dios es Padre, Padre de todos, no lo olvidemos. Es padre de los inocentes que murieron tras el atentado y padre también de los asesinos que estrellaron los aviones contra los edificios. Ese día nadie lloró como Dios.

No, no es eso lo que quiere Dios para nosotros, sus hijos. La respuesta y explicación de Dios a nuestro sufrimiento es la cruz de su Hijo.

Seguramente cada día nos toca enfrentar más de una adversidad y más de un momento de dolor que cruzarán por nuestro frente y nos golpearán; pero, seguramente también, sacaremos fuerzas para superar tales contratiempos. No preguntemos a Dios por qué; veamos su presencia en el camino que nos apunta para salir airosos del momento.

En este valle, que decimos “de lágrimas”, también hay flores. Sequemos las lágrimas de nuestros ojos para contemplar y gozar las bellezas de esto que llamamos destierro, que las hay y muchas.

Miguel Ángel Ciaurriz

 

 

El agustino recoleto Antonio Carrón escribe en este artículo sobre la vida digital y los problemas que le asolan a sus usuarios

Según las estadísticas de Naciones Unidas y de otros organismos internacionales públicos y privados, de los casi 7.600 millones de seres humanos que poblamos la tierra, más de 5.100 utilizan un teléfono móvil, más de 4.000 tienen acceso a Internet, cerca de 3.200 son usuarios activos de redes sociales y cerca de 3.000 utilizan el teléfono móvil para acceder a sus redes. Los datos en España indican que de los más de 46 millones de habitantes del país, cerca de 40 tienen acceso a Internet, más de 37 utilizan el teléfono móvil, 27 son usuarios de redes sociales y 23 utilizan el teléfono móvil para acceder a sus redes sociales. Si analizamos las estadísticas de los últimos años vemos el continuo crecimiento de la dimensión digital en nuestras vidas. Y a eso se añade la normalización que ya supone en muchos de los contextos de la vida cotidiana. A modo de ejemplo, observemos a las personas que utilizan transporte público, a las personas que están sentadas en un bar o a los que van caminando por la calle. Resulta hasta extraño ver a alguien que no tenga en sus manos el teléfono móvil o que, entre los más jóvenes, no lleve auriculares. Sin duda, nuestra vida ha cambiado, y lo que todavía no sabemos es si ha sido a mejor o a peor.

Surgen voces sobre los efectos de la vida digital en la salud, en el aprendizaje, en las relaciones de pareja o en la familia. Para los que hemos vivido en una época sin móvil y la podemos comparar con la actual, en la que no podemos renunciar a él, resulta curioso recordar cómo hacíamos antes las cosas: cómo éramos capaces de citarnos con una o con varias personas sin WhatsApp; cómo hacíamos consultas de datos y estudiábamos sin acceder a Internet; cómo escribíamos cartas en papel a familia y amigos; cómo utilizábamos las cabinas telefónicas en las calles; cómo nos divertíamos sin una pantalla delante o sin inteligencia artificial. Lo cierto es que era posible vivir en una vida que no era digital, y creo que no era mala o peor que la actual, simplemente era una vida diferente.

Pero esa vida pasó y nuestra vida actual, lo queramos o no, es una vida digital. Ya hay muchas cosas que no se pueden hacer sin acceso a Internet, sin un teléfono móvil o sin un certificado digital. Tan real puede resultar que te roben en casa o que te ‘hackeen’ una de tus contraseñas privadas, que haya ‘bullying’ contra un niño en el colegio o ‘ciberbullying’ contra ese mismo niño en las redes sociales. Como en todo, las buenas herramientas que son usadas para fines malos terminan convirtiéndose en peligrosas y muy destructivas. Y, ciertamente, la vida digital se presta mucho a ello.

En nuestra vida digital actual tenemos muchas ventajas y también inconvenientes y peligros. Hemos dejado de hacer cosas y ahora hacemos otras muchas que antes no hacíamos. No es algo que podamos comparar, no es ni mejor ni peor, sino diferente. Y, precisamente por esto, porque es algo diferente, debe haber elementos de cohesión, puntos de unión entre las diferentes realidades, entre las diferentes formas de vivir, la de antes y la de ahora. Seguimos siendo personas y, seguramente, seguimos teniendo los mismos deseos y similares preocupaciones (la de que no se nos acabe la batería del móvil o la de buscar la red wifi allá donde vayamos sí son completamente nuevas). Muchas de las preguntas profundas siguen planteándose: quién soy, de dónde vengo, a dónde voy, qué sentido tiene lo que me ocurre, por qué existe el ser y no la nada, por qué existe el mal, dónde está Dios si no lo veo… Y la vida actual, nuestra vida digital, no nos ha ofrecido nuevas respuestas, seguimos planteándonos las mismas preguntas.

Así pues, para esta vida actual, para esta vida digital, mientras no se nos ocurran otras, siguen siendo válidas las propuestas que, antes y ahora, nos dan sentido, que nos ofrecen una perspectiva de esperanza, aun después de siglos, aun después de generaciones, aun después de grandes revoluciones científicas y culturales. Qué razón tenía el autor de la Carta a los Hebreos cuando decía: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre” (Heb 13,8), o san Agustín al proclamar “Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva” (Conf. 10,27). Hay algo, o mejor dicho, Alguien, que siempre permanece.

Una vida digital, la vida que nos toca vivir hoy, no está reñida con la fe, ni con la esperanza, ni con el amor del Evangelio. Es más, ante el reto de la dispersión y la superficialidad de hoy, la propuesta de la espiritualidad, de una interioridad que permite llegar a lo más profundo de la persona y que se expresa a través del silencio, la reflexión, el recogimiento y el realismo, pueden ser una luz muy importante para nuestras vidas. Decía san Agustín “no quieras dispersarte fuera, entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior habita la verdad; y si encuentras que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo” (De vera rel. 39, 72). Quizás sea este mundo actual de cambio, de superficialidad, de culto a la imagen, del todo rápido, aquí y ahora… el que tenga más necesidad de aplicar estas palabras.

Antonio Carrón OAR

 

El Catecismo señala que el Bautismo es “la puerta de entrada a la Iglesia”. Explicamos este sacramento de forma sencilla para los jóvenes a través del Youcat

Fue San Juan quien, en el Río Jordán, comenzó a bautizar con agua. Muchos cristianos son bautizados a los pocos meses de nacer. Por ello, el Bautismo es uno de los sacramentos que menos conocemos aunque, como parte de los siete sacramentos, es uno de los momentos más importantes de nuestra vida espiritual. ¿Saben los jóvenes católicos qué significa este sacramento? ¿Hemos pensado en nuestro propio Bautismo alguna vez?

El Catecismo de la Iglesia Católica, que pone a San Agustín como uno de los referentes en el sacramento, nos dice que “el Bautismo es el camino que lleva desde el reino de la muerte a la Vida; la puerta de entrada a la Iglesia y el comienzo de una comunión permanente con Dios”. Explicado en un lenguaje más sencillo, el Youcat, el ‘Catecismo joven de la Iglesia’, nos deja un mensaje claro: “El Bautismo es el Sacramento fundamental y la condición previa de todos los demás sacramentos”. Es decir, que sin el sacramento del Bautismo no somos nada; es esa ‘inscripción’ que realizamos para ser cristianos. “Nos une a Jesucristo, nos introduce en su muerte salvífica en la Cruz, y por ello nos libera del poder del pecado original y de todos los pecados personales y nos permite resucitar con él a una vida sin fin”, nos dice.”Puesto que el Bautismo es una alianza con Dios, el hombre debe dar su «sí» a Dios”, explica el Youcat.

Hay dos momentos claves que tienen lugar en este sacramento y nos lo explica el Catecismo. El primero de ellos, “nos convertimos en miembros del Cuerpo de Cristo (la Iglesia), en hermanos y hermanas de nuestro Salvador e hijos de Dios”. En el Bautismo pasamos a ser parte de la Iglesia. Pero además, al recibir el sacramento, “somos liberados del pecado, arrancados de la muerte y destinados desde ese instante a una vida en la alegría de los redimidos”.

¿Qué necesitamos para ser bautizados? “La única condición para el Bautismo es la fe, que debe ser confesada públicamente en la celebración del sacramento”, dice el Catecismo de la Iglesia. Solo eso nos exigen para ser cristianos y ser bautizados. Muchas veces dudamos que, si es necesaria la fe, porque nos bautizan siendo niños, cuando aun no tenemos fe. Youcat nos da la respuesta: “Lo mismo que no se puede privar al niño del amor, para que después pueda él mismo decidirse por el amor, sería una injusticia si los padres creyentes privaran a su hijo de la gracia de Dios recibida en el Bautismo. Así como todo ser humano nace con la capacidad de hablar, pero debe aprender a hablar, igualmente todo hombre nace con la capacidad de creer, pero debe aprender a conocer la fe”. Y con ello, ¿estamos privando de libertad a la persona? ¿Y si no quiere seguir nuestro camino? “Si se recibe el Bautismo de niño, hay que «ratificarlo» después personalmente a lo largo de la vida; es decir, hay que decir «sí» al Bautismo para que éste dé fruto”.

Como San Juan hizo con Jesús, hoy también nosotros somos bautizados con agua. “El agua simboliza purificación y nueva vida, lo que ya se expresaba en el Bautismo de conversión de Juan el Bautista”, dice el Youcat. El Bautismo es para el cristiano el comienzo de su “nueva vida en Cristo”.

San Agustín nos dice que este sacramento “es el sello con que el Espíritu Santo nos ha marcado”. Como menciona el Catecismo, en el Bautismo, San Agustín asegura que “se une la palabra con la materia”. El agua (la materia) es el símbolo de nuestra en la Iglesia y desde ese momento pasamos a ser discípulos de Cristo, a quien seguimos a través de la palabra.

 

La Epifanía significa, según San Agustín, la manifestación del Señor. Los Reyes humildemente acudieron a adorar al niño, que en su pequeñez fue reconocido como Dios

Epifanía es un término griego que puede traducirse por manifestación. En efecto, al manifestarse en este día, el Redentor de todos los pueblos lo hizo festivo para todos ellos. Hace pocos días celebramos su nacimiento, hoy celebramos su manifestación. Según la tradición, hoy fue adorado por los magos nuestro Señor Jesucristo, que había nacido trece días antes. Que el hecho es histórico lo atestigua el evangelio verídico; su fecha la proclama por doquier con autoridad esta solemnidad.

Aquellos magos fueron los primeros gentiles en conocer a Cristo el Señor. Sin verse sacudidos por su palabra, siguieron la estrella que se les manifestó y, cual lengua del cielo, les hablaba de manera visible de la Palabra que aún no hablaba. Por ello, pareció justo, y lo es en realidad, que los gentiles reconocieran con ánimo agradecido el día de la salvación de quienes fueron sus primicias y lo dedicaran con obsequiosa solemnidad y acción de gracias a Cristo, el Señor. A su vez, fueron primicias de los judíos en orden a la fe y revelación de Cristo los pastores que, desde las cercanías, llegaron a verlo el mismo día que nació. A aquéllos se lo anunció una estrella; a éstos, los ángeles. A éstos se les dijo: Gloria a Dios en lo alto; en aquéllos se hizo realidad el salmo: Los cielos proclaman la gloria de Dios. Unos y otros, cual primeras piedras de dos paredes con distinta dirección, la de la circuncisión y la del prepucio, se juntaron en la piedra angular, para que fuese su paz, haciendo de las dos una sola cosa.

Los pastores alabaron a Dios por haber visto a Cristo; los magos también le adoraron una vez que lo vieron. En aquéllos la gracia va por delante, en éstos la humildad es más grande. Quizá aquellos pastores, al ser menos culpables, experimentaban más vivamente el gozo de la salvación; los magos, en cambio, cargados con muchos pecados, suplicaban más humildemente el perdón. Ésta es la humildad que la divina Escritura encarece más en los venidos de la gentilidad que en los judíos. De la gentilidad procedía aquel centurión que, no obstante haber recibido al Señor en su entero corazón, se juzgó indigno de que se entrase en su casa, y no quiso que visitase a su siervo enfermo, sino que ordenase su curación. De esta manera retenía presente en su corazón a aquel cuya presencia en su casa rehusaba, aunque le honrase. Finalmente dijo el Señor: No he hallado tanta fe en Israel. Gentil era también aquella mujer cananea que, aunque oyó al Señor juzgarla como una perra que no merecía que se le echase el pan de los hijos, reclamó las migajas como si fuese tal perra. Así mereció no ser lo que reconoció ser, pues escuchó, también de boca del Señor: ¡Oh mujer!, grande es tu fe. La humildad había producido en ella una fe grande, porque se había hecho pequeña.

Así, pues, los pastores llegan a verlo desde las cercanías y los magos a adorarlo desde la lejanía. Ésta es la humildad por la que el acebuche mereció ser injertado en el olivo y dar aceitunas contra las leyes de la naturaleza. Efectivamente, por gracia mereció cambiar su naturaleza. El mundo entero se había convertido en una selva llena de amargura a causa de este acebuche, mas, injertado por la gracia, destelló por la abundancia de su aceite. Según palabras de Jeremías, llegan del extremo de la tierra diciendo: En verdad nuestros padres adoraron ficciones. Y no llegan sólo de una parte del orbe, sino, en conformidad con el evangelio de Lucas, de oriente, de occidente, del norte y del sur para sentarse a la mesa del reino de los cielos con Abrahán, Isaac y Jacob.

Así, por la gracia de la Trinidad, el orbe entero es llamado a la fe desde sus cuatro puntos. A partir de este número recibe su consagración el de los doce (cuatro por tres) apóstoles, que prefigura la salvación del mundo entero en sus cuatro partes y su llamada a la fe en la Trinidad. Número significado asimismo en aquel plato lleno de toda clase de animales que, simbolizando a todos los gentiles, le fue mostrado a Pedro. También él pendía de cuatro cuerdas y por tres veces fue bajado del cielo y vuelto a subir, para que, de la multiplicación de cuatro por tres, resultase el número doce. Quizá ésa sea la razón por la que los magos, primicias de los gentiles, llegaron a ver y a adorar a Cristo doce días después de su nacimiento y merecieron no sólo recibir la propia salvación sino también significar la de todos los gentiles.

Celebremos, pues, este día con toda devoción. Adoremos nosotros, cuando ya mora en el cielo, al que los magos, nuestras primicias, adoraron cuando yacía en una posada. Ellos veneraron en él, como en anticipo, lo que nosotros adoramos una vez realizado. Las primicias de los pueblos adoraron al que ansiaba el pecho de la madre; los pueblos adoran al que está sentado a la derecha de Dios Padre.

San Agustín, sermón 203

 

San Agustín y la Navidad: la divinidad del Mesías recién nacido

- En sus sermones, San Agustín destaca la divinidad del niño que va a nacer y resalta además la figura de María como virgen que da luz al Mesías. El agustinólogo Enrique Eguiarte explica en este artículo la doctrina de San Agustín en Navidad. Leer aquí

- El Adviento según San Agustín: “Temo a Cristo que pasa y permanece”  Leer aquí

Para que disfrutes de los días de Navidad, hemos elaborado el libro electrónico Dios viene al mundo que recoge las homilías del Papa Francisco en la solemnidad de Navidad.

Lee Dios Viene al mundo aquí

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada 16 de diciembre se inicia la Novena de Navidad y comienza la cuenta regresiva para celebrar el nacimiento de Jesucristo. Aquí las oraciones para vivir intensamente estos 9 días en familia, el trabajo, la comunidad, grupo parroquial, etc. Para acceder día por día a la Novena de Navidad, puede ingresar a:

Se recomienda rezar a la Santísima Virgen, a San José y al Niño Jesús, así como reflexionar con la meditación del día y cantar los llamados “gozos”.

 

 

Tomado de: aciprensa.com

Un sábado de 1531 a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego, iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad de México a asistir a sus clases de catecismo y a oír la Santa Misa. Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y escuchó una voz que lo llamaba por su nombre.

Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era brillante como el sol, la cual con palabras muy amables y atentas le dijo: "Juanito: el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y en Mí confíen. Ve donde el Señor Obispo y dile que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo".

De regresó a su pueblo Juan Diego se encontró de nuevo con la Virgen María y le explicó lo ocurrido. La Virgen le pidió que al día siguiente fuera nuevamente a hablar con el obispo y le repitiera el mensaje. Esta vez el obispo, luego de oir a Juan Diego le dijo que debía ir y decirle a la Señora que le diese alguna señal que probara que era la Madre de Dios y que era su voluntad que se le construyera un templo.

De regreso, Juan Diego halló a María y le narró los hechos. La Virgen le mandó que volviese al día siguiente al mismo lugar pues allí le daría la señal. Al día siguiente Juan Diego no pudo volver al cerro pues su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo. La madrugada del 12 de diciembre Juan Diego marchó a toda prisa para conseguir un sacerdote a su tío pues se estaba muriendo. Al llegar al lugar por donde debía encontrarse con la Señora prefirió tomar otro camino para evitarla. De pronto María salió a su encuentro y le preguntó a dónde iba.

El indio avergonzado le explicó lo que ocurría. La Virgen dijo a Juan Diego que no se preocupara, que su tío no moriría y que ya estaba sano. Entonces el indio le pidió la señal que debía llevar al obispo. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro donde halló rosas de Castilla frescas y poniéndose la tilma, cortó cuantas pudo y se las llevó al obispo.

Una vez ante Monseñor Zumarraga Juan Diego desplegó su manta, cayeron al suelo las rosas y en la tilma estaba pintada con lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe. Viendo esto, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio.

Pio X la proclamó como "Patrona de toda la América Latina", Pio XI de todas las "Américas", Pio XII la llamó "Emperatriz de las Américas" y Juan XXIII "La Misionera Celeste del Nuevo Mundo" y "la Madre de las Américas".

La imagen de la Virgen de Guadalupe se venera en México con grandísima devoción, y los milagros obtenidos por los que rezan a la Virgen de Guadalupe son extraordinarios.

 

Tomado de: aciprensa.com

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